CRISIS DEL SOCIALISMO EN EL CAMPELLO

Ángel Sánchez
Opinión sobre: CRISIS DEL SOCIALISMO EN EL CAMPELLO

Decir que soy socialista (prefiero socialdemócrata) tiene, para mi, un único significado: que mi ideología personal se identifica con la corriente de pensamiento heredera de la triada «libertad, igualdad, fraternidad». O lo que es lo mismo, con la idea de que la política en democracia debe favorecer la libertad y la igualdad en un entorno de solidaridad (quizá la acepción moderna de fraternidad). Milito en el partido con más historia, no sólo en nuestro país, sino en nuestro municipio. Pero a lo largo de mi intermitente militancia he visto como las ambiciones, las rencillas, los proyectos personales sustituían a la política, pasando de ser un partido que vertebró la transición de El Campello a la modernidad democrática tras la dictadura, a un espectro de organización donde el equilibrio se mide en función del número de afiliados y afiliadas que apoyan o se oponen, sin que las razones supongan más que posiciones testimoniales. Evidentemente esto podríamos definirlo como democrático, si la concepción por la que apostamos es la minimalista: selección de candidatos o candidatas, tanto a cargos orgánicos como públicos. Yo no soy de esa opinión. Creo que la democracia es algo más: un instrumento de convivencia, de dialogo y resolución de conflictos en una sociedad donde el individualismo se impone a lo colectivo. De ahí la necesidad de la democracia como nexo de unión social y no solo como herramienta de selección de cargos.

En mi partido vivimos, por desgracia desde hace demasiado tiempo, una situación recurrente de crisis que no sólo afecta a la confianza ciudadana en nuestro supuesto proyecto sino a nuestra supervivencia misma como partido político. Podría teorizar sobre las funciones que históricamente han tenido los partidos y las transformaciones que han sufrido en el transcurso de nuestra democracia, pero no lo voy a hacer. Creo que es más interesante centrarme en lo sustancial, en lo que se refiere a la situación, tal y como yo la veo, de la Agrupación socialista de El Campello.

Tras el enésimo cisma producido a raíz de la elección de la candidatura municipal, la Agrupación escenifica su enésimo cisma: el candidato electo en primarias renuncia, y con el una parte de la candidatura. Más de la mitad de la Comisión Ejecutiva dimite propiciando la caída del máximo órgano de dirección local. Y, ¿ahora qué?. Pues una Gestora se hace cargo de la agrupación al objeto de convocar una asamblea para la elección de una nueva dirección. ¿Cómo?. Los y las afiliados y afiliadas en función de su criterio elegirán entre los o las candidatos que decidan presentarse. ¿En función de un proyecto?. No. Es posible, aunque no deseable, que prevalezca la estática en la que está situada la agrupación: unos contra otros. Lo deseable, un proyecto integrador, donde las sensibilidades e incluso las ambiciones tengan una representación y un contenido. Pero claro, eso es lo deseable, porque como digo lo que es posible que ocurra es que los votos sean los que decidan el futuro de la Agrupación Socialista. Y si ésto ocurre, la irrelevancia, en todos los aspectos y escenarios, seguirá siendo la bandera del PSPV-PSOE en El Campello.

No hay partidos imprescindibles, pero desde mi opinión (siempre subjetiva, claro) hay partidos necesarios, siempre y cuando prevalezcan las ideas frente a los intereses, en el cual la democracia sea algo más que una especie de duelo al sol, sirviendo de ejemplo a la sociedad sobre la que queremos influir y reformar. Y creo que en la mano de todos y todas los que formamos parte del PSPV-PSOE de El Campello está intentar ser coherentes con las ideas, valores y principios que decimos defender y por los que militamos. Creo que es el momento, para algunos, de dar un paso al lado, demostrando su compromiso como socialistas, dejando que el dialogo y el acuerdo sustituyan al enfrentamiento.

Humildemente creo que es posiblemente la única salida. Lo contrario, supondrá nuestra definitiva conversión en una asociación de intereses frente a esa comunidad de valores en la que algunos todavía creemos. Y como militante, apelo a la responsabilidad de los y las afiliados Y a su compromiso con nuestro partido y su futuro como herramienta útil para que la gente corriente mejore su vida en nuestro pueblo.

Quizá no sea éste el mejor método para dirigirme a todos y todas los socialdemócratas, pero creo que es el más eficaz para expresar que sí, que hay alternativas y que sí, que hay futuro.

Los socialistas cobran dos millones al año de las diputaciones que quieren suprimir

El PSPV ha colocado a 48 cargos políticos en las corporaciones, entre diputados y asesoresXimo Puig pretende usar una norma aprobada por Lerma para retirar las competencias y quitar sueldos

imagesEl secretario general del PSPV, Ximo Puig, ha convertido la supresión de las diputaciones –precisamente las instituciones que el PP tiene más opciones de seguir gobernando, tal como publicó ABC en octubre– en una obsesión personal. Ya lo planteó en el consejo territorial del PSOE en 2013, y ahora se ha comprometido a retirarles las competencias y los sueldos de los políticos si gana en 2015 –para lo que usaría una ley aprobada en la etapa de gobierno de Joan Lerma–.

Sin embargo, mientras llega ese momento, los socialistas han rentabilizado al máximo su presencia en las instituciones que Puig quiere suprimir. En total, los 48 cargos políticos que el PSPV ha situado en las tres corporaciones provinciales –entre diputados y asesores– se reparten cada año más de dos millones de euros en sueldos. En concreto, 2.003.500 euros.

La Diputación de Alicante es la que mejor retribuye a los diputados provinciales. Así, los once miembros del grupo socialista perciben anualmente, por el mero hecho de serlo, 60.000 euros brutos, según fuentes oficiales de la institución consultadas por ABC. Además, el presidente del grupo, Jaume Pascual, su portavoz –y secretario provincial del PSOE–, David Cerdán, y su portavoz adjunta, Ana Belén Juárez, perciben unos pequeños pluses que elevan sus emolumentos hasta los 65.000 euros brutos anuales. Una cantidad que se ingresa en 14 pagas.

Asimismo, el PSOE cuenta en la Diputación de Alicante con ocho asesores –todos ellos militantes–, de los que siete se embolsan 35.000 euros brutos al año, y el octavo –a tiempo parcial– otros 17.000 euros brutos. De esta forma, los 19 cargos socialistas que cobran de la Diputación de Alicante se reparten anualmente 937.000 euros públicos en nóminas.

La Diputación de Valencia, por su parte, retribuye a los diputados de base con 47.300 euros anuales, según las fuentes consultadas. En esa situación se encuentran siete de los diez diputados socialistas. El portavoz, José Manuel Orengo, se embolsa 63.700 euros, al igual que el coordinador del grupo. El portavoz suplente percibe otros 55.900 euros al año. Es decir, los diputados se reparten anualmente 514.400 euros brutos de las arcas públicas.

En el caso de los asesores, el PSOE cuenta con un coordinador que percibe 44.400 euros al año, cuatro asesores de Nivel 1 que se embolsan 38.300 euros, y otros tres asesores de Nivel 2 que ingresan 32.500 euros anuales. En total, los asesores desginados «a dedo» por los socialistas se llevan 295.100 euros. De esta forma, los 18 cargos del PSOE en la Diputación de Valencia se reparten anualmente 809.500 euros brutos.

La de Castellón es la Diputación que menos destina a sueldos públicos. Así, los ocho diputados socialistas se reparten 172.000 euros al año, mientras sus tres asesores suponen un coste de 85.000 euros. En total, los 11 cargos socialistas en la institución perciben un global de 257.000 euros al año.