LA ENÉSIMA.

Ángel Sánchez
Opinión: LA ENÉSIMA.

Los encontronazos en un gobierno de coalición son lógicos. Los partidos que componen un gobierno multipartito no tienen por qué compartir la totalidad de argumentos, aunque si lo sustancial que es lo que supuestamente les llevo a coaligarse. Y digo supuestamente porque en el caso de nuestro municipio los argumentos, o son desconocidos o simplemente no han existido más allá de un mero reparto del poder y los beneficios que esto conlleva.
El enésimo encontronazo tiene diferentes lecturas. Por un lado, la nocturnidad aparente de la medida adoptada unilateralmente (aparente y supuestamente) por el Alcalde de sacar de la mesa de contratación la representación política. Por otro, la pasada negativa (cuando estaban en la oposición) de los mismos políticos que hoy ocupan el poder de aprobar una moción que proponía lo que hoy se ha hecho, de aquellas maneras. Este «detalle» podría interpretarse como un movimiento táctico (el enésimo) del partido mayoritario (el PP) contra sus incómodos socios (Ciudadanos). Al menos esa parece ser la lectura que hacen estos últimos.
La durabilidad del actual gobierno se sustenta, no en las políticas compartidas, sino en el riesgo de una posible moción de censura. El anterior gobierno de coalición se benefició de la correlación irreconciliable de fuerzas, pero en la actualidad la aritmética es más flexible, por lo que el PP agotará sus tácticas hasta que no haya posibilidad real de un cambio de gobierno. ¿Y Ciudadanos?.
La búsqueda desesperada de un espacio propio ante el deterioro del principal factor que le llevo a ser una fuerza política determinante, es más que evidente. Esto, el relato de ser víctima junto a la difícil decisión de renunciar a los privilegios de formar parte del gobierno le condicionan en extremo. Lo que haga o no, creo que estará supeditado a esos tres factores, aunque mucho me temo que el mandado municipal no verá a los concejales y concejala de Ciudadanos en el gobierno.
Sobre el fondo de la cuestión (la salida de los políticos de la mesa de contratación) simplemente decir que no comparto la opción tecnocrática en las decisiones políticas. Creo que el control de los representantes democráticos es necesario, pues de lo contrario las decisiones, con sus sesgos inevitables, se situarán al margen de la política, algo que en una democracia, no es comprensible. En nombre de la “transparencia” se deja en manos de agentes cuya legitimidad no proviene de la voluntad popular, pudiendo producirse una situación en la que los actores políticos hacen dejación de su responsabilidad a la hora de definir no el cómo, sino por qué y para quién. Pero esto es cuestión de otra reflexión que, sin duda, publicaré en algún momento.

LAS FRONTERAS EUROPEAS

Ángel Sánchez
Opinión: LAS FRONTERAS EUROPEAS.

El acuerdo de Schenguen (Luxemburgo 1985) que se pone en vigor en 1995 supuso un paso hacia una ciudadanía Europea común. Pero parece evidente que la supresión de fronteras territoriales no supuso la supresión de fronteras culturales.

La construcción Europea ha sido asimétrica, tanto en lo económico como en lo social. Han existido dos tendencias en la política Europea, prácticamente desde el primer momento: la lógica del mercado, que penaliza a los Estados que no persiguen o cumplen la ortodoxia económica dictada, principalmente desde Berlín, y la lógica social, de profundización de los beneficios sociales de la Sociedad del Bienestar, por otro lado construida en Europa central de forma más sólida que en los países del sur y con diferentes características ( es necesario tener en cuenta que algunos de los países del sur mantuvieron regímenes totalitarios hasta la década de los 70: España, Portugal o Grecia).

La lógica social ha sido, principalmente, una reivindicación de la izquierda o de una parte de la izquierda, pues la gran mayoría de partidos socialdemócratas, firmemente europeistas, cedieron el protagonismo político a la derecha neoliberal, no sólo aceptando, sino asumiendo la lógica unilateral del mercado frente a la necesaria combinación socio económia.

Pero la frontera económica (que intentó paliarse en parte a través de Fondos de cohesión) no fue ni parece ser la única: existe una frontera cultural que divide Europa en dos partes. Ya en la crisis económica de 2008 ,el termino PIGS fue un desafortunado acrónimo peyorativo en inglés con el que medios financieros anglosajones se referían al grupo de países de la Unión Europea conformado por Portugal, Italia, Grecia y España. Pero significaba más que un desafortunado término: daba significado a la existencia de dos Europas.

En 1905, Max Weber, en su obra “La ética protestante y el espíritu del capitalismo” planteaba que, la fortaleza de la economía en su Prusia natal, se fundamentaba en la ética del trabajo protestante al promulgar éste el trabajo duro como “deber de fe”, marcando las diferencias con los países católicos, fundamentalmente del sur de Europa. Pero ésta teoría sociológica creó una frontera cultural que, en mi opinión, ha condicionado la construcción de la Unión Europea en su vertiente social.

En la actual situación de crisis sanitaria, creo que se pone de relieve que la construcción de ese deseado y deseable Estado Federal de Europa ha sido beneficioso para el mercado, pero quizá no tanto para la sociedad civil. La cesión de soberanía económica no ha venido acompañada por políticas que igualasen a la ciudadanía Europea en derechos sociales, y en éstos momentos la ausencia de órganos de decisión unitarios, propicia incluso que cada país de la Unión se “busque la vida” como considere y adopte las medidas que crea oportunas en un ejercicio de soberanía que, respecto a un problema global, parecen, no sólo incomprensibles sino incluso ridículas y anacrónicas en una Europa unida en el escenario de un sistema globalizado no sólo en lo económico.

Si a lo largo de ésta crisis, no se toman más medidas que las de carácter económico, la construcción europea habrá caído definitivamente en una utopía únicamente concretada en lo financiero, y las fronteras culturales se convertirían en un impedimento para la profundización de esos Estados Unidos de Europa anhelados, desde por Víctor Hugo a León Trostky. Y la ciudadanía europea, al menos la española, seguirá teniendo el sentimiento de pertenecer sólo a un club cuyo eje es únicamente el mercado pero no las personas.

PALABREJAS ACERTADAS

Ángel Sánchez
Opinión: PALABREJAS ACERTADAS

Hay palabras que, pese a su complejidad aparente, reflejan con claridad una realidad. Una de éstas es la de “sesgo de retrospección”, también conocido como el fenómeno de “lo sabia desde el primer momento”.

Este tipo de sesgos ( como actitud parcial) tiene el poder de construir determinados imaginarios sobre hechos ya sucedidos, modificando creencias ,”a posteriori” ,cuando ya se conoce una realidad o un resultado. Podría resumirse en “eso ya lo sabía yo”.

Como podemos observar a través de la red de medios de información y comunicación, ese sesgo retrospectivo está implícito en el discurso de aquellos dirigentes políticos que utilizan esa “certeza” para criticar e incluso para crear un relato contrapuesto incluso a la realidad. ¿El objetivo?. Sacar rédito político. Pero las consecuencias para una sociedad fraccionada e irremediablemente y extremadamente polarizada son nefastas, no para el futuro, sino para la estabilidad presente, no sólo de nuestro sistema político, sino incluso de la estabilidad emocional de las personas que sufren las consecuencias de un problema de tanta gravedad como es una pandemia global.

Uno el concepto de sesgo retrospectivo al de polarización política y social de forma intencionada, porque como decía, la utilización intencionada de esa estrategia, incide en la confrontación política y en la radicalización de la sociedad.

Como decía, la ciencia política ha estudiado éste fenómeno de polarización, siendo el politólogo italiano G.Sartori quien más ha profundizado en éste. Y siguiendo sus planteamientos, es interesante ver como la aparición de partidos extremistas ha llevado a la política y a la sociedad a una dinámica centrífuga donde, no ya el acuerdo, sino el simple diálogo razonable y razonado es cada día más complicado dada la radicalización ideológica ( sí, ideológica) instalada en la sociedad.

En el marco de esta radicalización social, el discurso se centra en la deslegitimación del gobierno utilizando, en el marco de ésta crisis sanitaria, ese sesgo retrospectivo como argumento político. Y las personas que se sienten atraídas por ese discurso que plantea de forma tácita que nuestro sistema no es democrático, que está usurpado por unas élites excluyentes y que los que nos gobiernan lo hacen desde la ilegitimidad, repiten y reproducen supuestos argumentos que, multiplicado por el efecto altavoz de las redes sociales, se difunde y expande sin control, algo que amenaza ( como decía) no solo nuestro presente como comunidad, sino nuestro futuro como sociedad.

Los de un extremo señalan a los del otro, abundando en la confrontación centrífuga e irreconciliable. Pero, cuando unos han decidido reconducir en parte su estrategia y evolucionar hacia un papel institucional; de utilidad para nuestro sistema político, los del otro extremo siguen desatados. Me refiero a Podemos, como partido que ha evolucionado y modulado su actuación y en gran parte su discurso debido a las responsabilidades de gobierno y a Vox, partido que sigue “desatado” en su discurso apocalíptico, acompañado por el papel que están jugando determinados medios de comunicación al servicio de la involución en nombre de la libertad de expresión.

Tengo que recordar que el papel de Podemos sigue un camino similar al del PCE en la transición. Nadie puede recriminar al Partido Comunista su talante de acuerdo y su voluntad de consenso: las renuncias que se hicieron lo convirtieron en un partido beneficioso para la convivencia constitucional. Pero parece que la extrema derecha populista, anclada en un discurso radical no parece que tenga ninguna voluntad de ceder ni un ápice, algo que concuerda con su carácter antisistema. Pero lo más preocupante es que algunos y algunas dirigentes (no todos, es cierto, porque ahí está por ejemplo el Alcalde de Madrid ) de esa derecha que ha gobernado y gobierna ( comunidades y Ayuntamientos), se alíen con esos discursos en vez de excluirlos, haciéndoles cómplices de los extremistas de los populistas de derecha.

La conclusión es compleja, pues cualquier reflexión se enfrenta a la “despiadada” crítica e incluso a la acusación directa ( antipatriota, sociocomunista…). Veremos como sale la sociedad española de la actual situación y hasta qué punto somos capaces de reconstruir lazos de convivencia.

MÁS ALLÁ DEL 8 DE MARZO

Ángel Sánchez
Opinión: MÁS ALLÁ DEL 8 DE MARZO

La cuestión, en mi opinión es, ¿qué es lo que importa, sólo lo simbólico o lo que afecta a la vida cotidiana de las mujeres?.

Y ésta pregunta podría extrapolarse a otras muchas cuestiones donde la política parece que prefiere quedarse en la superficie, en la construcción de un relato cuyos argumentos no entran realmente en lo sustancial. Pero, ¿tras el 8 de marzo, tras las declaraciones, manifiestos, reivindicaciones, qué es lo que hay?.
Como escribía no hace mucho, el contexto es lo que condiciona la política, y en la política municipal, no sólo eso, sino el marco competencial. De cara a la galería propia, quedan muy bien las declaraciones pomposas pero ¿que queda de sustancial tras las luces de las declaraciones?.
Si se está de acuerdo en que se necesitan políticas concretas para un sector determinado de la sociedad, se está igualmente en que ese sector padece un problema pero, ¿ cual es el problema?.
Las identidades han venido a sustituir conceptos que hace unos años eran los sujetos sobre los que giraba la política. Para la izquierda, el concepto de clase era el eje sobre el giraba su propia existencia. Para la derecha, la defensa del «estatu quo» de las clases dominantes centraban su estrategia. Pero en la sociedad actual, esos conceptos han dejado de ser estructurales transformándose en transversales. La identidad es un concepto que forma parte de la nueva escala de valores que las ciencias sociales definieron como postmodernos. Y éstos valores deben tener un lugar relevante en la agenda de los partidos, fundamentalmente de los de izquierdas si quiere reconstruir una coalición similar a la que, junto a las clases medias y trabajadoras dieron a los partidos de izquierdas la oportunidad de cambiar la realidad de la sociedad capitalista, «humanizando» aspectos de las relaciones socioeconómicas que sustentó el estado de bienestar en el que, a pesar de su debilidad, vivimos.
El feminismo, no es una moda, sino que ha formado parte de la política, podríamos decir que desde siempre. Ya en 1673 François Poullain de la Barre publicó «De l’egalite des sexes». La hipótesis de la que partía, era que la subordinación de la mujer tenía un origen social. El concepto de género surge cuando se pone sobre la mesa el valor social de las diferencias entre hombre y mujer a través de roles asignados socialmente. Frente al determinismo biológico que vuelve a ser prioridad en las estrategias de una derecha anclada en la defensa de una tradición machista y patriarcal, la izquierda tiene la responsabilidad de dotar de sentido conceptos como patriarcado, o empoderamiento, pero a través no sólo de declaraciones o manifiestos, sino reubicándose: la cultura, la realidad local y las competencias de las que se dispone. Las declaraciones y manifiestos están muy bien para reforzar la polarización estanca en la que la sociedad se ha instalado pero la pregunta es muy simple: ¿ sirve únicamente lo simbólico para cambiar la realidad de desigualdad y, por lo tanto de sometimiento de las mujeres de El Campello? .
Las realidades sociales que se quieren cambiar deben partir de un cambio cultural que, evidentemente deben tener como objetivo incidir de forma positiva no sólo en la percepción del problema sino en su mejora. Igualmente, y para lograr ese nuevo pacto al que antes me refería, es necesario que se integre en una estrategia verdaderamente multidimensional, donde los aspectos sociales, económicos, laborales y, por supuesto, culturales, tengan un reflejo en las políticas implementadas. Y, algo que a mi me parece importante: que los actos o eventos deben partir de un plan y no de la mera improvisación que, lejos de ser acciones que inciden realmente en el problema, lo sobrevuelan , básicamente en forma de ocio.
El populismo de extrema derecha se alimenta de la polarización. Y ahí hay que incidir, de forma pedagógica y participativa, pues de lo contrario, el vacío que la sociedad actual crea en sentimientos como el de pertenencia, seguirá consolidando opciones políticas que, sirviéndose de la demagogia en torno a emociones, enfrentan a personas que comparten las mismas situaciones estructurales y problemas socioeconómicos. La confrontación es dialéctica: pues ante las tesis reaccionarias, la reacción es vehemencia discursiva, cuando lo que realmente beneficia los objetivos de igualdad es la integración de opiniones y la profundización de la democracia.
No es sólo una cuestión de táctica, la sociedad, y las mujeres como una parte mayoritariamente subordinada al patriarcado necesitan algo mas que eslóganes: necesita políticas.

CRISIS DEL SOCIALISMO EN EL CAMPELLO

Ángel Sánchez
Opinión sobre: CRISIS DEL SOCIALISMO EN EL CAMPELLO

Decir que soy socialista (prefiero socialdemócrata) tiene, para mi, un único significado: que mi ideología personal se identifica con la corriente de pensamiento heredera de la triada «libertad, igualdad, fraternidad». O lo que es lo mismo, con la idea de que la política en democracia debe favorecer la libertad y la igualdad en un entorno de solidaridad (quizá la acepción moderna de fraternidad). Milito en el partido con más historia, no sólo en nuestro país, sino en nuestro municipio. Pero a lo largo de mi intermitente militancia he visto como las ambiciones, las rencillas, los proyectos personales sustituían a la política, pasando de ser un partido que vertebró la transición de El Campello a la modernidad democrática tras la dictadura, a un espectro de organización donde el equilibrio se mide en función del número de afiliados y afiliadas que apoyan o se oponen, sin que las razones supongan más que posiciones testimoniales. Evidentemente esto podríamos definirlo como democrático, si la concepción por la que apostamos es la minimalista: selección de candidatos o candidatas, tanto a cargos orgánicos como públicos. Yo no soy de esa opinión. Creo que la democracia es algo más: un instrumento de convivencia, de dialogo y resolución de conflictos en una sociedad donde el individualismo se impone a lo colectivo. De ahí la necesidad de la democracia como nexo de unión social y no solo como herramienta de selección de cargos.

En mi partido vivimos, por desgracia desde hace demasiado tiempo, una situación recurrente de crisis que no sólo afecta a la confianza ciudadana en nuestro supuesto proyecto sino a nuestra supervivencia misma como partido político. Podría teorizar sobre las funciones que históricamente han tenido los partidos y las transformaciones que han sufrido en el transcurso de nuestra democracia, pero no lo voy a hacer. Creo que es más interesante centrarme en lo sustancial, en lo que se refiere a la situación, tal y como yo la veo, de la Agrupación socialista de El Campello.

Tras el enésimo cisma producido a raíz de la elección de la candidatura municipal, la Agrupación escenifica su enésimo cisma: el candidato electo en primarias renuncia, y con el una parte de la candidatura. Más de la mitad de la Comisión Ejecutiva dimite propiciando la caída del máximo órgano de dirección local. Y, ¿ahora qué?. Pues una Gestora se hace cargo de la agrupación al objeto de convocar una asamblea para la elección de una nueva dirección. ¿Cómo?. Los y las afiliados y afiliadas en función de su criterio elegirán entre los o las candidatos que decidan presentarse. ¿En función de un proyecto?. No. Es posible, aunque no deseable, que prevalezca la estática en la que está situada la agrupación: unos contra otros. Lo deseable, un proyecto integrador, donde las sensibilidades e incluso las ambiciones tengan una representación y un contenido. Pero claro, eso es lo deseable, porque como digo lo que es posible que ocurra es que los votos sean los que decidan el futuro de la Agrupación Socialista. Y si ésto ocurre, la irrelevancia, en todos los aspectos y escenarios, seguirá siendo la bandera del PSPV-PSOE en El Campello.

No hay partidos imprescindibles, pero desde mi opinión (siempre subjetiva, claro) hay partidos necesarios, siempre y cuando prevalezcan las ideas frente a los intereses, en el cual la democracia sea algo más que una especie de duelo al sol, sirviendo de ejemplo a la sociedad sobre la que queremos influir y reformar. Y creo que en la mano de todos y todas los que formamos parte del PSPV-PSOE de El Campello está intentar ser coherentes con las ideas, valores y principios que decimos defender y por los que militamos. Creo que es el momento, para algunos, de dar un paso al lado, demostrando su compromiso como socialistas, dejando que el dialogo y el acuerdo sustituyan al enfrentamiento.

Humildemente creo que es posiblemente la única salida. Lo contrario, supondrá nuestra definitiva conversión en una asociación de intereses frente a esa comunidad de valores en la que algunos todavía creemos. Y como militante, apelo a la responsabilidad de los y las afiliados Y a su compromiso con nuestro partido y su futuro como herramienta útil para que la gente corriente mejore su vida en nuestro pueblo.

Quizá no sea éste el mejor método para dirigirme a todos y todas los socialdemócratas, pero creo que es el más eficaz para expresar que sí, que hay alternativas y que sí, que hay futuro.

¿Tenemos un problema?

Ángel Sánchez
Opinión sobre: TENEMOS UN PROBLEMA

Si tuviésemos la oportunidad de realizar una investigación sobre el nivel de legitimidad, la satisfacción con el sistema y el nivel de apoyo a los partidos político locales, posiblemente nos encontraríamos con un trilema decreciente: la legitimidad de la democracia casi nadie la cuestiona, incluso ni los que dicen situarse en los margenes aceptables. Pero la satisfacción con el sistema posiblemente nos daría datos poco positivos, y claramente relacionados con la tercera cuestión: el apoyo al sistema de partidos.

El último sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas, en su pregunta número 6 plantea una cuestión que en mi opinión es crucial para entender que está pasando en el escenario político y electoral:
Pregunta 6. ¿Cuál es a su juicio, el principal problema que existe actualmente en España? ¿Y en segundo lugar? ¿Y
en tercer lugar?

Y las respuestas son dignas de comentar: el paro (61,8), la corrupción y el fraude (33,3), los/as políticos/cas en general, los partidos y la política (29,1)… Y hasta aquí quiero leer ( les siguen cuestiones tan relevantes como el empleo, la sanidad, la educación, etc).

Que la ciudadanía considera a los políticos y los partidos como un problema y no como la solución, es un continuo, pero en las últimas semanas, tras la constitución de los Ayuntamientos, la percepción de que la «clase política» sigue caminos diferentes a los de la sociedad, se acentúa con las decisiones referentes a los múltiples acuerdos sobre remuneraciones de los cargos públicos. Los argumentos justificativos ( que no explicativos) en la línea de la «dignificación», no solo no resuelven o mejoran el problema, sino que lo agravan.

Las diferentes teorías de las élites (Mosca, Paretto, Michels….) parecen cobrar relevancia cuando, una vez pasadas las elecciones, una gran mayoría de políticos que han alcanzado el poder, «dignifican» la actividad política a través de salarios que nada tienen que que ver, ni con el contexto socio económico, ni con el poblacional, y si me apuran, con ningún otro.

La única norma legal que establece unos límites mínimos es la Ley 7/85 de 2 de abril, reguladora de las bases de Régimen Local y la Ley 27/2013 de 27 de diciembre de racionalización y sostenibilidad de la Administración Local. Dichas normas establecen los límites sobre las retribuciones máximas del Alcalde y el número de puestos de los denominados «de confianza» (personal laboral eventual). Pero éstos límites son parte del problema porque dan carácter legal a unos acuerdos que deberían partir de otros supuestos ( actualmente el supuesto de referencia son las retribuciones de Secretario de Estado, con reducciones en función de tramos de habitantes). ¿Que supuestos?. En unas administraciones la existencia de ROM (reglamento de organización municipal) equipara las retribuciones a determinados puestos existentes en la administración pública ( A1,A2, etc) pero , ¿realmente se puede equiparar a un puesto de funcionario público de carrera?. En mi opinión, no, porque se da una situación de paradoja entre lo político y lo técnico. Entonces, ¿cuales deberían ser los criterios?.

Parto de la premisa de que los cargos públicos deben percibir una remuneración por su trabajo pero, ¿cual es el nivel de dignidad de esas retribuciones?, ¿el salario medio de la localidad?, ¿el número de habitantes?, ¿Un porcentaje calculado sobre el presupuesto o sobre una parte de el?. Es un tema complicado, porque realmente no puede cuantificarse: parte de un concepto basado, o en principios, valores y empatía social o uno relacionado con el estatus adquirido a través de las elecciones, o lo que es lo mismo, un concepto claramente elitista, que nada tiene que ver con la desafección o descontento que provoca en un cada vez mayor sector de la ciudadanía respecto a la política y los políticos, caldo de cultivo de los extremismos populistas.

Creo que la ciudadanía que expresa su disgusto y su rechazo a éstas medidas tiene que ir más allá de la queja o la denuncia en redes sociales. Creo que debe organizarse en torno a las propuestas que en verdad dignifiquen la política como la mejor manera de resolver, pacifica y dialogadamente, los conflictos que se generan en la convivencia de una sociedad diversa y compleja como la nuestra.

Séptimo programa dedicado elecciones municipales en El Campello con nuestro amigo y compañero Ángel Sánchez

Séptimo programa dedicado elecciones municipales en El Campello con nuestro amigo y compañero Ángel Sánchez

En este séptimo programa analizamos la actualidad politica de El Campello tras la subida de las retribuciones de los ediles, con los sindicatos rechazandola, partidos, la oposición trasladada a la biblioteca, los plenos serán por la mañana….

ESCUCHA EL PROGRAMA….

Que hemos elegido

Angel Sánchez
Opinión sobre: QUE HEMOS ELEGIDO.

Como continuación de mi opinión «que elegimos», sobre el proceso de primarias abierto en el PSOE, planteo algunas cuestiones que, pese a que dicho proceso se ha cerrado, no creo que estén completamente»cerradas».

Ciertamente, la militancia del PSOE ha dado una lección de compromiso sea cual fuere la opción por la que optase. La alta participación, no solo el día de la elección, sino en los diferentes actos y actividades convocados ha sido, sin miedo a exagerar, extraordinaria. Pero «solo» hemos elegido al Secretario General, pues el congreso que se celebrará el 16 y 17 de junio será el encargado de designar los órganos de dirección y el documento político que regirá la acción política del PSOE hasta el próximo congreso.

A continuación del proceso de primarias, se abrió el debate sobre la ponencia marco y la elección de delegados y delegadas al congreso federal. En éste nuevo proceso interno se han podido valorar las intenciones de uno u otro sector en cuanto a la correlación de fuerzas de cada cual y la voluntad de integrarlos en una dirección plural o no. Los primeros cambios se produjeron en el grupo parlamentario: el cese del portavoz el mismo día de las primarias exigió la designación de un nuevo portavoz. El nuevo Secretario General designó personalmente ( no hay ejecutiva ni comité federal hasta el congreso) al portavoz, cuando quizá ese cargo, hasta la constitución de la comisión ejecutiva federal y el comité federal, debería haberlo designado el propio grupo parlamentario. Esto, en mi opinión no es un buen síntoma, pues una sola persona decide quien o quienes van a representar al PSOE en el parlamento. Por otro lado, manifestaciones como las realizadas por Adriana Lastra sobre «la necesidad de pedir disculpas» de algunos dirigentes al nuevo Secretario General, o los diferentes gestos provenientes del sector vencedor me hacen pensar que, nuevamente, se está cerrando en falso un debate que debería habernos situado, como mínimo, al nivel de lo que la sociedad está exigiendo: pluralidad.

El proceso de elección de delegados a adolecido, en mi opinión, de consistencia democrática. Me explico. Los diferentes sectores o sensibilidades que participaron en el proceso de primarias deberían, al igual que durante el proceso, haber convocado a sus militantes afines para elegir una coordinadora temporal encargada de la elaboración de las propuestas de delegados en las Asambleas municipales, así como de la defensa de las enmiendas a la Ponencia política. Por contra, se ha podido comprobar que la «integración» se ha producido como un mero ejercicio de equilibrio porcentual: yo tengo tanto, tu tienes tanto, así que tantos delegados para tí y tantos para mi. Pero, ¿quién ha elegido la lista de nombres y su orden?. La debilidad democrática viene por ahí: las personas que se han encargado de componer las listas no han sido designadas por nadie, existiendo, en su caso, una aceptación tácita por parte de los y las simpatizantes de cada sector hacia ese «autonombramiento».

La democratización de la organización es un reto que espero que se concrete en la ponencia organizativa, así como espero que las propuestas políticas sean consecuentes con la situación que vivimos. Pero la democratización empieza por esos pequeños gestos que hemos dejado de lado en nombre de la integración, pero aparentemente bajo la bandera de la legitimidad absoluta, no solo del nuevo Secretario General, sino de su entorno.

Personalmente, mi deseo es que la integración se produzca, pero no como un mero equilibrio de pesos electorales, no como concesiones de los ganadores a los perdedores, pues si así fuera, no hemos entendido nada. La democracia no confiere una legitimidad ilimitada, sino que da una responsabilidad para avanzar en un proceso de apertura, transparencia y participación que asegure esa legitimidad a lo largo del proceso de toma de decisiones. La «tiranía de la mayoría» no es un ejercicio democrático, sino al contrario: un ejercicio de reduccionismo instrumental.

El próximo 16 y 17 el PSOE tendrá la oportunidad de demostrar que el compromiso asumido con la sociedad, con las clases medias trabajadoras, con los excluidos y los precarios es algo más que retórica. Y el inicio debe ser la integración de ese equilibrio surgido de las urnas el 21 de mayo más allá de las venganzas o ajuste de cuentas. Un proyecto político no puede sostenerse sobre una pirámide donde los cimientos sean meros porteadores de líderes.

ACUERDOS

OPINIÓN—Angel Sánchez—

Que se potencie un verdadero clima de diálogo, superando la mera negociación, es importante para que se instale en la vida municipal la deliberación como instrumento.

Si se habla de política municipal, habrá que iniciar el dialogo en torno a las políticas que puedan considerarse prioritarias, y un hecho importante sería que, paralelamente a que los partidos involucrados en el dialogo expongan sus prioridades o sus líneas políticas, la ciudadanía pudiera expresar a través de las organizaciones y no solo en el marco de la militancia partidaria, sus puntos de vista.

Hasta el día, y a parte de un reconocible esfuerzo por construir un relato diferenciado, propio y básicamente emotivo, (un imaginario que, con pretensión colectiva, consigue aglutinar unicamente a adeptos, simpatizantes y predispuestos) carente de políticas novedosas ( Charles Lindblom y el arte de ir tirando o la estrategia incrementalista nos da una explicación ajustada de lo que ha venido ocurriendo), podríamos arriesgarnos en afirmar que el recorrido de la legislatura tiene un análisis más bien pobre. No obstante, siempre se está en disposición de variar y propiciar un giro que, aunque sea igualmente incremental respecto a otras políticas desarrolladas, signifique esa bocanada de aire fresco que necesita la administración, y en sí la democracia local. Si el anunciado (en reiteradas ocasiones) proceso de diálogo va más allá del mero reparto de competencias y se le dota de un contenido político ( que la policy se reconcilie con la politics) se habrá dado un importante paso, no definitivo pero si importante.

Ahora bien, ¿la «politics, o la actividad de los políticos podría revertirse, superando estrategias y unificando propuestas, avanzar en la «policy» como acciones concretas?. (no me he vuelto loco ;el uso de los términos politics y policy tienen ricos matices para los anglosajones). Es una pregunta que debería encontrar una respuesta antes de iniciar un camino que pueda suponer seguir instalados en la inercia.

Los equilibrios ( más bien desequilibrios) y los desencuentros entre los socios originales de la investidura son complejos, no por el contenido político, sino por las diferencias personales puestas de manifiesto a través de acusaciones y reproches de unos hacia otros. Esto hace que una variable necesaria se convierta en dependiente: depende de la decisión, principalmente de Esquerra Unida, que el proceso de dialogo fructifique y el gobierno en minoría se convierta en un gobierno menos minoritario o incluso mayoritario. ¿Mayoritario por la posible recuperación del consenso que propició la investidura?. Sería posible, pero depende, como antes indicaba, de la recuperación de la confianza: no de la confianza personal, sino de la politica, y esta no tiene otra dimensión que las políticas que se pacte o acuerden.

En mi modesta opinión, sería interesante que se ampliase el dialogo a otras fuerzas políticas. Evidentemente, el PP no parece estar por la labor de cooperar con los «perdedores» pero, ¿Ciudadanos?. Sobre éste grupo también han recaído las críticas más duras, en lo político y en lo personal, pero igualmente y siempre contando con la voluntad, podría revertirse el proceso,avanzando paralelamente en la reconfiguración del escenario: los que sí están por un cambio y los que están por seguir instalados en la inercia.

Conseguir el mayor consenso sobre asuntos que no solo afectan a nuestro presente, garantizaría, de alguna manera, ese necesario recorrido para las políticas más allá de los períodos electorales.

En definitiva creo que la esperanza en que las políticas den sentido a la política de una forma claramente posibilista, no debemos abandonarla ( caminar hacia la utopía, con los pies en el suelo). Todos y todas tenemos una opinión, una ilusión o una inquietud, transformarla en políticas de medio y largo recorrido (insisto, porque la «tentación» del cortoplacismo es un continuo que condiciona en exceso), podría situarnos en una posición optima para afrontar los retos que tenemos frente a nosotros, rompiendo con esa inercia tan pegajosa y cómoda y haciéndonos avanzar hacia un futuro incierto, si, pero igualmente ilusionante.