PRESUNTAMENTE DESLEAL

Ángel Sánchez
Opinión: PRESUNTAMENTE DESLEAL

La crítica, cuando va dirigida a los que supuestamente son los “nuestros” se convierte, como mínimo, en un ejercicio incómodo. No es extraño que cualquier cuestionamiento o exigencia ética hacia esos “nuestros” (no sólo los que puedan compartir militancia sino los que se autoubican en posiciones políticas próximas o cercanas en muchos aspectos) se convierta en una sarta de descalificaciones hacia la persona que expresa públicamente su disconformidad o su malestar con la actuación de los dirigentes. Pero son solo eso: dirigentes. No encarnan ni representan la infalibilidad en sí mismos, ni ellos personalmente encarnan los principios y valores de la izquierda. Pero siempre es incómodo, pues hacer pública una crítica acarrea la ruptura de esa correlación supuesta e incluso exigida.

La cuestión de la corrupción administrativa, el cohecho administrativo o como se quiera llamar a una actuación irregular justificada, por la “urgencia” o la “necesidad”, no parece ser importante para una sociedad demasiado acostumbrada a pensar mal y acertar respecto a la actuación ética de algunos representantes públicos. Además, esa poca importancia, viene acompañada (y alimentada) con argumentos cuyo único objetivo es desenfocar la atención. El ejemplo lo tenemos en los que el PP ha utilizado para “excusar” la imputación de su Alcalde en El Campello por “troceo” de contratos. Poner la mano, por nadie, aunque, en general, estoy convencido de la honorabilidad personal de los dirigentes políticos (quizá sea un síntoma más de mi “buenismo” o ingenuidad pero, ¡qué le vamos a hacer! Ahora bien, los representantes públicos no tienen patente de corso, ni siquiera para actuar por urgencia, pues esto podría llevarnos a cometer injusticias, amén del deterioro de la confianza de la ciudadanía en el funcionamiento de las instituciones.

La administración tiene unas normas y procedimientos absolutamente tasados. ¿Son lentos y farragosos?. Es posible, pero todo depende de la organización y el compromiso de los gestores en que los asuntos públicos resuelvan de forma correcta los problemas. La eficacia en resolver o afrontar esos problemas también está sujeta a la eficiencia en el uso de los recursos públicos. Y ahí, las normas son inflexibles: el procedimiento es el que es. Y lo es porque la administración debe actuar con absoluta indiscrecionalidad, ajustando su  actuación a lo que el resto de los mortales también tiene que hacer: respeto a la ley.

Que el PP quiera “disculpar” a uno de sus Alcaldes contraviene, presuntamente, no sólo la ley, sino que deja en papel mojado cualquiera de los compromisos éticos que ha aprobado internamente. La imagen es que esos compromisos éticos solo sirven como bálsamo y no como medida de ejemplaridad. Pero la cuestión adquiere (en mi opinión) una mayor gravedad cuando los grupos políticos que supuestamente son la alternativa, no sólo callan, sino que con ese silencio contradicen la responsabilidad, no sólo con los “altos” principios que deben inspirar su actuación, sino con ese supuesto proyecto alternativo que quieren representar.

Compromís (entonces Bloc) exigía vehementemente la dimisión del ex Alcalde Juan Ramón Varó en 2013 al ser procesado (y posteriormente condenado) por un presunto delito de prevaricación administrativa. Pero años después, y por esos avatares que tiene la política un Alcalde de ésta formación política ostentó la máxima representación municipal durante cuatro años sin variar un ápice la dinámica heredada. O lo que es lo mismo: lo que tenía que cambiar, no cambió sino que continuó. Y ahora ese ex Alcalde de Compromís no dice ni hace nada, en mi opinión, esperando que la tormenta amaine o que la ciudadanía entienda que la “necesidad” en la que se basó su actuación no tenía alternativa y se hizo por el bien de la ciudadanía. Y personalmente podría entender esa “necesidad” pero, ¿no había alternativas, no se pudo iniciar un procedimiento administrativo para revertir lo que los técnicos municipales de intervención, contratación y la misma secretaría municipal señalaban como fuera de la ley?

Los “compañeros de viaje” del mandato del ex Alcalde de Compromís (2015-2019), ¿tampoco tienen nada que decir?. Es cierto que la justicia no les ha apuntado pero es imposible olvidar que sobre los concejales del PSOE recaía la responsabilidad de áreas como Hacienda y Contratación, departamentos involucrados en los hechos que, aparentemente, la justicia está decidida a juzgar.

Creo que es una cuestión (la legalidad) que nos afecta a todos. Y todos tenemos razones y motivos en muchas ocasiones para saltárnosla, pero habitualmente no lo hacemos, y cuando lo hacemos, casi siempre tiene consecuencias. Las normas están para cumplirlas y, si no estamos de acuerdo con ellas, intentar cambiarlas, pero no para saltárnoslas. Los contrapesos que la administración tiene están para evitar que la “necesidad”, el capricho o la comodidad guíen la actuación municipal. ¿El poder político está al margen de ésta obligación?. Creo que seguiremos hablando de éste tema y, como no, tirando de hemeroteca, pues no sólo de propaganda vive la política.

Y volviendo a la incomodidad: no será la primera vez (ni la última) que los “míos” o los cercanos me tachan de haber traicionado no sé qué cosas. Pero como ya he dicho, mi lealtad no se centra en personas, sino en principios, y por desgracia, los “míos” confunden en demasiadas ocasiones la sumisión con la lealtad.

¿GESTOS O POLÍTICAS?

Ángel Sánchez
Opinión: ¿GESTOS O POLÍTICAS?

En la ultima sesión plenaria se aprobó ( como muchos y muchas habrán podido comprobar, gracias a la publicidad que se le ha dado) crear una partida para hacer “realidad” el parque “El Poblet. Se encomienda la creación de la partida a los inciertos presupuestos municipales para 2022. Pero, el apoyo de todas las formaciones políticas con representación, no supone que esa propuesta vea la luz.

La propuesta, a diferencia ( por ejemplo) de la presentada por Compromís y aprobada por mayoría sobre la defensa de los cítricos valenciano, requerirá una tramitación política y administrativa. La de los cítricos, en todo caso, un correo electrónico transcribiendo el acuerdo, dirigido a las instituciones pertinentes. Entre una y otra, está la voluntad de quien o quienes tienen que concretar las propuestas plenarias que presenta la oposición en realidades, o lo que es lo mismo: en políticas.

Solo por recordar otra propuesta que sigue viviendo el “sueño de los justos”: la transformación de las instalaciones actualmente destinadas a almacén municipal y aulas multiusos para actividades deportivas (uso incomprensible, teniendo en cuenta la disponibilidad que existe de unas instalaciones más dignas y adecuadas, por ejemplo, en el recinto de la piscina municipal) en un  Casal de Asociaciones. La propuesta fue aprobada en sesión plenaria, pero como ha dicho el Sr. Alcalde en múltiples ocasiones, la potestad de su desarrollo le corresponde a el como máximo responsable político y administrativo municipal.

 Insisto en la dicotomía política y administrativa, porque es la clave para entender que lo que aprueba el pleno en forma de moción, está siempre supeditada al interés y la voluntad política de quien ocupa el sillón de la Alcaldía. Su transformación en una propuesta viable requiere de ese interés en forma de informes de las diferentes áreas municipales ( intervención, secretaría, contratación, etc) y una propuesta suficientemente tramitada, de nuevo al Pleno Municipal. Por lo tanto, la publicidad en torno a la aprobación de la iniciativa presentada por el Concejal de Podem es y será papel mojado hasta que el gobierno no acuerde su desarrollo. Eso si: sirve para dar prestigio, tanto al proponente como a los que apoyaron la propuesta de cara a la ciudadanía, principalmente la de la zona en cuestión, algo que quizá tenga un rendimiento electoral para alguien, pero no en materia de políticas que la ciudadanía pueda disfrutar.

Pese a la inexistencia de un Reglamento de organización y funcionamiento que regule la presentación de mociones al Pleno, la legislación vigente es la que manda. Y mientras el Reglamento no sea una realidad, la ley que establece el funcionamiento de los Plenos ordinarios es el Real Decreto 2568/1986, de 28 de noviembre, por el que se aprueba el Reglamento de Organización, Funcionamiento y Régimen Jurídico de las Entidades Locales. Y las mociones que presentan los grupos políticos entran en el orden del día de las sesiones ordinarias más por una tradición instituida que por una obligación administrativa, por lo que ésto podría variar en cualquier momento en función de las competencias a las que antes me refería de la Alcaldía en ejercicio de la presidencia del Pleno. Y me parece una buena tradición porque favorece la visibilidad de los grupos de la oposición más allá de la fiscalización de la acción de gobierno. Favorece que los grupos políticos puedan plantear a debate cuestiones relacionadas, o con cuestiones de interés local o con asuntos en los que la agrupación política tenga un interés especial. No obstante, creo que la tradición instituida debería tener, más pronto que tarde, un reflejo en un texto que regulase el funcionamiento de los órganos municipales y otros asuntos como, por ejemplo, las retribuciones establecidas para miembros del gobierno y oposición, personal de apoyo, etc, que habitualmente se deja para debatir en cada inicio de mandato.

Creo que ya venía siendo el momento de concretar algunas cuestiones que en estos momentos se dejan, o al albur de la interpretación del Sr. Alcalde o al mandato de la tradición instituida.

Siempre es “emocionante”, fundamentalmente para el grupo proponente, incluir en su currículum los “logros”, pero si estos solo son discurso y no se concretan en políticas, el resultado sigue siendo el mismo: sólo una cierta visibilidad, y además temporal.

¡QUE VENGA 2021 CON SU PRESUPUESTO!

Ángel Sánchez
Opinión: ¡QUE VENGA 2021 CON SU PRESUPUESTO!

 Ya estamos a mediados de octubre; pronto pasarán la añoranza y recuerdos de unas fiestas de imposible celebración y habrá que pensar en que el “Annus horribilis” está a punto de terminar, dejando paso a otro, que con todas las limitaciones, debería ser , en lo posible, el del inicio de la reconstrucción.

 Y al hilo de una noticia aparecida en medios y redes, y como no podría ser de otro modo, me alegra que las mujeres que realizaron el curso de monitoras de comedor entren en una bolsa de trabajo, pero ésto no puede hacernos perder la perspectiva de los datos: a 31 de agosto, la cifra de paro registrado en mujeres en nuestro municipio es del 57,7% (fuente: argos.gva.es). La cifra es preocupante, no sólo en nuestro municipio, pues si miramos la comparativa en la Comarca, la Provincia y en la Comunidad Valenciana la media es del 57%. Las acciones coyunturales deberían formar parte de un plan temporalmente más extenso pues, como dijo Antoni Castells, ex Conseller de Economía de la Generalitat de Catalunya con el President Montilla, “tener un plan ayuda, pues de lo contrario, se será rehén de lo cotidiano”.

 La crisis sanitaria está siendo devastadora para el tejido productivo, y como no, se ceba en los sectores más débiles. De ahí que el bienvenido plan de ayuda a empresas y comercios ( dotado de unos 750.000 euros) espero que ayude a paliar, en lo posible, la delicadísima situación de nuestro principal motor económico: los servicios y la hostelería ( el desempleo registrado en servicios a 31 de agosto es del 74,5  pese a que la contratación registrada a la misma fecha es del 82,1).

 Los datos, propios y ajenos, deberían servir para establecer los cimientos de las políticas públicas que el próximo presupuesto municipal recoja. Insisto: la coyunturalidad de los ayudas debe ser el primer paso para políticas estructurales en áreas tan sensibles como Bienestar Social, empleo, promoción económica, etc. Y pese a las restricciones de la La Ley 27/2013, de 27 de diciembre, de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local (de necesaria revisión en el marco de la reforma de la administración anunciada por el Gobierno del Estado) es el momento de que los Ayuntamientos hagan un esfuerzo en políticas y programas dirigidos, no sólo a los sectores que está sufriendo con más saña la crisis económica, sino de forma prospectiva hacia nuevos nichos económicos y de empleo. No voy a ser yo quien les diga a nuestros representantes qué tienen o no que hacer, pero confío en que el tacticismo propagandístico sea sustituido cuanto antes por la política con mayúsculas, con la participación de todos los grupos políticos con representación municipal, pues esto le dará a los acuerdos, además de continuidad, un plus de legitimidad.

Creo que el momento es lo suficientemente grave como para aparcar las mociones simbólicas, que siendo importantes como marco referencial de principios y valores, deberían someterse o al menos compaginarse con las prioridades que exige la situación. Y arremangarse para llegar a acuerdos en lo sustancial; en lo que la ciudadanía exige aunque no lo grite en masa.

 Personalmente echo en falta alternativas dirigidas a paliar las consecuencias de la crisis. Y esas consecuencias no son sólo el hecho de que el sector del comercio y el turismo estén sufriendo en primera línea las causas de la crisis sanitaria, sino que son fruto de un tejido productivo unidireccional, por lo que es necesario poner a trabajar la inteligencia política y social para buscar alternativas que a medio y largo plazo incidan positivamente en ese cambio o diversificación de ese tejido.

El hecho es que la sociedad española y la local está en un impás, y ésta no puede ser solucionado únicamente con parches, sino con recambios duraderos. Recuperar la confianza de la ciudadanía en la política local es un reto que pasa por el compromiso de todos con soluciones que serán, o para todos, o simples actos dirigidos a rellenar el curriculum político con el que presentarse ante la ciudadanía dentro, ¿de cuánto, de tres años?.

Esperemos y confiemos en que el Presupuesto del ejercicio 2011 sea políticamente comprometido: todos y todas nos jugamos mucho.

¿Reformar ( o no) la administración?

Ángel Sánchez
Opinión: ¿Reformar ( o no) la administración?

La Ministra portavoz del Gobierno del Estado ha hecho un anuncio muy interesante: el gobierno va a aprobar una nueva Ley de la Administración Pública. La Ministra ha afirmado: (textualmente) «Necesitamos niveles de coordinación más eficaz en la Administración General del Estado», ha señalado Calvo, que ha dicho que se reformarán también las leyes de contratos del Estado, la ley presupuestaria, la de subvenciones y la del régimen jurídico del sector público. «Seremos garantes, pero seremos eficientes»..

            La tradición en cuanto al estudio de la administración y sus actuaciones se ha centrado en el Derecho administrativo. Su estudio desde éste enfoque se centra en la búsqueda de instrumentos jurídicos, en el marco del Estado de derecho, para el cumplimiento de sus fines. Pero éste enfoque explica el deber ser, pero no el ser real de la administración. La Ciencia política y de la Administración se centra en el estudio de los procesos y los resultados en cuanto a las decisiones desde el análisis del poder y la legitimidad, evidentemente sin desconocer ni olvidar la legalidad.

            El entramado burocrático está bajo la dirección del Gobierno con dos objetivos: servir a los intereses generales, con imparcialidad y respeto a la legalidad, y el desarrollo programático de las políticas públicas emanadas de la legalidad conferida al gobierno constituido democraticamente. Y éste entramado burocrático es la “caja de herramientas” ( no la única) que tiene a su disposición la política para gestionar de forma eficiente y eficaz los problemas de la ciudadanía y desarrollar los acuerdos emanados del gobierno, pero también de otro órgano que reúne la representatividad de esos intereses generales a través de los representantes elegidos democraticamente: el Pleno municipal.

            Este, de alguna manera podría ser el marco conceptual pero, ¿qué piensa o que siente la ciudadanía respecto a la administración?. En términos generales, la ciudadanía ve a la administración como un “problema” para sus problemas. Y, siendo cierto que la actuación de la administración debe ceñirse a principios, protocolos y procedimientos, ¿son éstos los más adecuados para resolver con diligencia los problemas de una ciudadanía que, en demasiadas ocasiones, se siente supeditada a esos protocolos y procedimientos?.

            He sido testigo de la transformación sufrida por nuestra administración local desde principios de la década de los 90 del pasado siglo, teniendo en cuenta que que la administración municipal salia de la dictadura con profundas deficiencias y carencias. Y éstas ,motivaron una intento de organización centrada en  la modernización y adecuación de la estructura administrativa a los nuevos tiempos.

            Pero ese esfuerzo (liderado por el que fuera Secretario municipal, D. Vicente Boix) llegó hasta la entrada en el gobierno de la derecha local en 1995, fecha a partir de la que se inicia una demolición controlada del trabajo realizado hasta entonces. Las diferentes organizaciones y reorganizaciones carecieron de objetivos pese a contar con los medios; al personal municipal se le empujó a una lucha interna por beneficios individuales (un conjunto de agregados desconectados e incluso enfrentados unos a otros en un contexto endogámico) sin existir un objetivo explícito de compromiso con la mejora del servicio a la ciudadanía. Pero no sólo hay que referirse a la actuación del gobierno, sino igualmente de una oposición descentrada y temerosa de asumir su responsabilidad y proponer las reformas y reestructuraciones necesarias. Esto ha propiciado un entramado de difícil compresión que, junto al farragoso procedimiento propicia que la ciudadanía local sienta cada vez más que el problema es, en sí mismo, la propia administración.

            Un problema asociado a la falta de eficacia es la perdida de legitimidad. Personalmente coincido con los  planteamientos sobre éste concepto de Pierre Rosanvallón. La legitimidad de imparcialidad(cumplimiento de la ley) y reflexibidad(control) debe equilibrarse con la de proximidad (gobernanza y participación), pues de lo contrario, la legitimidad de origen que adquieren los representantes políticos seguirá deteriorándose socialmente. Y eso seguirá ahondando en la brecha entre ciudadanía y administración, algo que deteriora, además, la democracia.

            La reorganización de medios, el establecimiento de protocolos y compromisos éticos para con el servicio a la ciudadanía debe contar con el consenso más amplio, pues es la única manera de asegurar su continuidad temporal. Si hoy, una mayoría impone una organización, ésta siempre estará a expensas de cambios, como mínimo cuatrianuales, lo que provocaría una “yenka política” que la seguiría haciendo ineficiente y, por lo tanto, un problema y no una herramienta para mejorar la vida cotidiana de la gente.

            El reto está sobre la mesa, ¿está dispuesta la actual corporación a iniciar un análisis crítico de la actual organización y plantear un plan para reestructurar recursos y medios en paralelo a los cambios que el Gobierno del Estado quiere plantear para acercar la administración al sujeto que le da razón de ser?.

LA INFORMACIÓN EMPODERA

Ángel Sánchez
Opinión: LA INFORMACIÓN EMPODERA.

La “palabreja” (empoderar) se escucha con asiduidad, pero no creo que sea entendida en toda su dimensión. Vayamos pues a la RAE: 1.- hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido. 2.- Dar a alguien autoridad, influencia o conocimiento para hacer algo. Una vez entendida la palabra, definamos su aplicación a través de la información.

La comunicación política, en momentos como los que estamos viviendo, es fundamental. Pero, ¡ojo!: no deberíamos confundir comunicación con la acepción electoralista de “propaganda”.

La gente recurre a diferentes medios para informarse y, en nuestra sociedad plural y diversa, el encuadre es algo inevitable y, si me permiten, hasta deseable, pues permite no sólo confrontar el enfoque con el que cada medio trata una noticia sino enriquecer un aspecto que considero muy relevante: la actitud crítica. Pero, para llegar a ésta actitud es necesario un esfuerzo y no limitarse a esa atención selectiva que persigue únicamente a la búsqueda de noticias que coincidan con nuestra opinión o nuestra visión de la vida. Y dicho ésto, hablemos de la comunicación y los medios locales.

Estoy seguro que las autoridades locales persiguen comunicar con eficiencia las noticias y, en el contexto actual, las indicaciones generadas por las autoridades sanitarias e instituciones públicas competentes. Pero sería interesante que la información y las iniciativas que la institución municipal implementan utilizase los diferentes instrumentos; desde los más modernos hasta los tradicionales. El objetivo es que esa información tenga un impacto positivo en la población a la que se dirige, por lo que la diversificación de medios es fundamental.

En los tiempos que vivimos, se podría pensar que las redes son el mejor instrumento. Y así lo es, pero con variables a tener en cuenta.

Según el Estudio anual de Redes Sociales de 2019, el 31 por ciento de los que usan redes sociales tiene entre 16 y 30 años, pero el 55% de la población entre 46 y 65 años no utiliza las redes sociales. La conclusión es que hay un amplio espectro social que se sigue informando a través de los medios tradicionales, principalmente la televisión generalista. Y si nos centramos en nuestro municipio, el uso de las redes sociales por parte de la institución municipal es más que aceptable al cubrir las plataformas más utilizadas. Por ejemplo, los vídeos emitidos por el Alcalde y los Portavoces a través de Youtube han tenido un impacto positivo en la concienciación de la sociedad, pero de la que tiene acceso a internet. ¿Qué información ha recibido esa población que no tiene como ecosistema informacional internet?.

Los medios tradicionales de información (esos que sirven a un amplio sector de la población para informarse) son limitados. La cobertura del canal de televisión comarcal es muy limitada y se publicitan únicamente las apariciones de los cargos públicos en caso de entrevista. Sería interesante que se financiasen programas informativos de carácter general y, por ejemplo, en la crisis que vivimos, comparecencias periódicas de los representantes municipales.

En el caso de la prensa en papel o la radio, decir que la primera era cubierta por el medio quincenal La Illeta, y el segundo por la única emisora local, Radio El Campello.

El medio en papel desapareció sorpresivamente hace un par de meses, siendo afortunadamente sustituido por uno nuevo: Som El Campello. Los Ayuntamientos de la Comarca y en el caso que nos ocupa, el de El Campello, tendrían que valorar como interesante, comprometerse financieramente para no correr el riesgo de perder nuevamente el único medio en papel que sirve para llevar información y opinión a la totalidad de la población, y principalmente a esa parte que no accede a las redes sociales.

Respecto a la emisora Radio El Campello, creo que ha sido infrautilizada por la institución municipal casi desde su nacimiento, máxime si tenemos en cuenta que, incluso más que la información impresa, la radio sigue siendo un medio de información al que recurre (recurrimos) de forma importante la población de todas las edades aunque, insisto, la de mayor edad, más.

Creo que podría ser una estrategia interesante que la institución municipal y los actores políticos y sociales de nuestro municipio valorasen, más que la posibilidad, la necesidad de que la gente tenga una información plural y diversa, porque la información, pese a bulos y “fakenews”, sigue siendo poder ciudadano y por ésto, una factor más de legitimación y confianza de la administración en la población.

RIESGOS Y COHERENCIAS

Ángel Sánchez
Opinión: RIESGOS Y COHERENCIAS

Se puede caer en la comodidad de considerar que nuestro sistema democrático está lo suficientemente consolidado, que los procesos están plenamente legitimados y, por lo tanto, el rendimiento de los procedimientos y reglas es el adecuado. Pero en momentos de crisis, como el que estamos viviendo, surgen voces que cuestionan esas aparentes certezas.

Hace unos días, el politólogo Pablo Simón publicaba un oportuno artículo en el diario El País en el que planteaba estas cuestiones: las aparentes certezas de una sociedad que, declarándose “demócrata”, presta oídos a los vehementes argumentos que piden mayor severidad y autoridad en la toma de decisiones. El ejemplo de China es utilizado como prueba de eficacia y eficiencia, pero el contexto político y social del régimen chino es, como parece evidente, sustancialmente diferente al nuestro.

La democracia no está a salvo de riesgos, y uno evidente es ese cuestionamiento de la legitimidad que, fruto de la polarización política ha calado igualmente en la sociedad, utilizando cualquier argumento para “dañar”, sin más objetivo que socavar la confianza en nuestro sistema político.

El análisis racional y responsable de las situaciones extremas es sustituido por ejercicios que pueden calificarse de populismo político. Se busca poner en evidencia, no al adversario , sino al enemigo, desde una actitud que pudiendo parecer sólo crítica, es frentista en un contexto de crisis social y económica como el que vivimos, intentando aprovecharlo para sacar rédito político.

El tacticismo electoralista se superpone a la deseable (como decía, en esas situaciones extremas) lealtad democrática. No hacia un gobierno, sino hacia el propio sistema que se dice defender. Y ésto no es un síntoma ni un signo de debilidad, ni de concesión, y ni mucho menos de “bajada” de nada ante el gobierno. Simplemente es un ejercicio de responsabilidad que no conlleva renuncia alguna ni a ideas ni a planteamientos políticos: sólo responsabilidad.

Todo esto, como decía, no significa que en esas situaciones deba imponerse un “trágala”, pues habrán momento y oportunidad de analizar, evaluar y exigir las responsabilidades que, como es el caso, los criterios técnicos aconsejen. La democracia se fundamenta también en ésto: rendición de cuentas. Y el gobierno, pero también la oposición, deberá rendirlas ante una sociedad que merece y necesita más respuestas y seguridades y menos retórica partidista interesada en quebrar la cohesión.

China no es el referente de procedimientos democráticos, por lo que la eficacia y eficiencia de las medidas de contención que el régimen chino ha adoptado, difícilmente tendrían encaje en una sociedad de libertades y derechos civiles como la nuestra, donde la pluralidad social y política debe buscar y lograr un complejo equilibrio. La unidad de acción no beneficia al gobierno actual, sino a nuestra democracia, cuya legitimidad, pese a ser cuestionada de forma vergonzosa por algunos de los que dicen defenderla, es plena. Lo contrario es, no un ejercicio de discrepancia, sino alimento para los y las que defienden ese perverso argumento de “mano dura”. El populismo es una seria amenaza, venga de la derecha o la izquierda, pues llama a cuestionar los cimientos de nuestro sistema político. Y éste populismo, expresado de forma pública como si se tratase de un argumento válido, no puede ser absorbido sin más, sin tamizar su contenido. Pero oportunidades tendremos de analizar, con la distancia necesaria y en una situación más propicia, qué se ha dicho y porqué.

En lo que como pueblo nos toca, creo que el ejemplo que se ha dado de coherencia,( sólo roto en ocasiones puntuales por ciertas salidas de tono en la línea de esa actitud que antes señalaba como efecto de la polarización transmitida a través de las redes sociales, por ejemplo), creo que ha sido la deseable y exigible como imagen de cohesión local. Evidentemente se podría criticar que esta o aquella medida a llegado a destiempo pero, ni es el momento, ni cabe, pues lejos de acusar de improvisación, lo que se ha hecho, al igual que en el Estado, ha sido actuar desde la incertidumbre, por lo que los aciertos o errores no pueden servir como arma arrojadiza.

APLAUDIR Y APRENDER

Ángel Sánchez
Opinión: APLAUDIR Y APRENDER

La crisis financiera sufrida a partir de 2008 produjo una fuerte sacudida en la que muchos de los que antes decían aborrecer la intervención estatal, ahora la exigían. En la actual crisis sanitaria, aquellos cuyo objetivo fue mercantilizar la salud salen a los balcones a homenajear ( dicho sea de paso, merecidamente)a los hombres y mujeres de la sanidad pública. ¿Paradojas o contradicciones?.

Parece que ya no recordamos que en el contexto de la crisis económica y financiera, el Estado era interpelado por los mismos que proponían su demolición controlada. Pero es humano que en momentos en los que nos sentimos aterrorizados por lo que no controlamos, nos sintamos más cerca de aquellos que nos dan seguridad.

Recordar que, para salvar el sistema económico el Estado tuvo que “sacar” de la sociedad miles de millones que no van a recuperarse. Recordar que en los primeros golpes de la crisis financiera, los intentos keinesianos fueron sustituidos rápidamente por más desregulación y, por consiguiente, más precariedad. Es necesario recordar que quienes más lo sufrieron y ahora lo sufren, son los más débiles, víctimas propiciatorias que crisis tras crisis, se ceban en las mismas capas de la sociedad.

Nuestra sociedad se vuelve comunidad cuando se aterroriza, pero retorna a ser un mero agregado de intereses cuando aparentemente escampa. Pero el mal tiempo siempre es cíclico, como los problemas de un mundo globalizado.

Me sumo al aplauso a los profesionales de la sanidad pública, pero personalmente exijo altura de miras a nuestros representantes: blindemos a través de nuestras leyes un sistema sostenible que no esté sujeto a mercantilización, una vez dejemos de sentirnos amenazados. Pero la actual crisis no debe cegarnos: los problemas de nuestro débil sistema de derechos sociales volverá a ponerse en evidencia cuando, ya sea financieramente o por el problema sanitario que sufrimos ahora, vuelva a amenazar nuestro sistema de vida. Por ésto, creo que debemos extraer enseñanzas, más allá de los sentimientos que ahora podamos tener a flor de piel, más allá de ese simbolismo pasajero de alabanza a aquellos que siempre fueron héroes y heroínas. Los mayores, los y las dependientes no son ahora más sociedad, al igual que los cuerpos de seguridad del Estado o el personal sanitario no son ahora más héroes que lo fueron ayer.

Creo que es necesario que los débiles pilares del Estado de Bienestar ( fundamentalmente familiarista al ser éstas las que sostienen la solidaridad intergeneracional en momentos de crisis) formen parte de un gran acuerdo político blindando a través de las leyes nuestra sanidad pública, nuestra educación, la solidaridad con los y las dependientes, la igualdad de los cuerpos de seguridad del Estado, las pensiones como instrumento, no individual, sino de solidaridad intergeneracional. Creo que es el momento de no olvidar, de recordar y poner en valor lo que hoy aplaudimos.

La estructura del Estado está sostenida por miles de trabajadores y trabajadoras públicos, la mayoría de las veces y en situaciones de normalidad, siempre mirados de reojo, con desconfianza e incluso con soberbia (¿quien no ha oído aquello de “tu sueldo lo pago yo”?). Pero es necesario recordar que entre esos miles de funcionarios y funcionarias están los maestros y maestras, los policías, los guardias civiles, los bomberos, los y las profesionales de la sanidad. No hay que olvidarlo nunca, pues es el sustento de lo que llamamos sociedad y que hoy aplaudimos.

Si salimos de ésta situación ( que lo haremos) con reproches y sin propuestas que nos aseguren a la ciudadanía una mínima estabilidad; si salimos de ésta situación dejando que los más débiles sigan sufriendo los ciclos de todo tipo de un mundo globalizado, no habremos aprendido nada y repetiremos, una y otra vez las mismas situaciones de riesgo e injusticia.

Y para ello, es necesario un sistema tributario fuerte, donde los desmanes del pasado, el despilfarro de políticos irresponsables ( aunque su irresponsabilidad haya sido avalada en muchos casos por los votos) no siga minando en la gente la confianza en nuestra democracia. Donde el despilfarro, los pufos, sean a cargo de quien los comete y no de los fondos de todos y todas. Entonces, creo que la gente volverá a confiar en nuestro sistema, con diferentes puntos de vista, con diferentes intereses, pero con acuerdo en lo que es importante: España como sociedad y no solo como metáfora.

EL PODER DE LO PRÓXIMO

Ángel Sánchez
Opinión: EL PODER DE LO PRÓXIMO

En su libro (del mismo título que la de éste texto de opinión), el profesor Joan Subirats platea la necesidad de ver las administraciones municipales como un escenario “en el que la proximidad emerge como poder capaz de articular soluciones adecuadas a los problemas concretos y reales de la ciudadanía”. Pero, si una persona de otro planea aterrizase en El Campello y asistiese a un pleno municipal, quizá la impresión que se formaría sería todo lo contrario: se desperdicia la oportunidad de abordar los problemas concretos y reales de la ciudadanía en beneficio de la repetición del debate estatal en cuestiones como la identidad, el género, los derechos sociales, civiles y políticos. Evidentemente, no estoy, a priori, en contra de que en el seno del órgano representativo por excelencia se planteen debates sobre éstos temas, pero lo que sí pediría es que la dimensión local condicionase ese debate en el contexto político y legal para el que elegimos a nuestros representantes locales.

Está claro que todas las generalizaciones acarrean injusticias, y es cierto que hay propuestas de grupos políticos que sí inciden en realidades de nuestro municipio: Calle San Ramón, transporte urbano, protección del medio ambiente y del patrimonio cultural e histórico, etc. Pero éstas cuestiones se diluyen en el debate generalista que traslada a lo local el debate político y mediático, pero sin que se concrete en cuanto al contexto concreto de nuestro pueblo.

Lo local es un aspecto de la política poco o muy poco abordado en el análisis político más allá de lo jurídico o de críticas concretas a acciones concretas. Pero se pierde la perspectiva cuando el debate se generaliza, más allá del marco competencial e incluso legal de la administración pública para el que fueron elegidos y elegidas los representantes políticos. Más política local rompería ese argumento que considera la considera como mera gestión, donde las propuestas de los diferentes partidos tienen pocas diferencias. Abordar los grandes temas que la política estatal trata, en mi opinión, forma parte de una especie de relato donde los argumentos se plantean en función de la imagen que quiere darse como parte de una organización o una ideología. Pero de igual manera, abordando políticas concretas, criticando políticas concretas o enmendando las propuestas del gobierno se puede introducir el debate político e ideológico que ahora parece circunscribirse a esos “grandes temas”, que insisto, siendo importante, creo que forma más parte de la acción partidaria que de la institucional, al menos en el tono, con el tiempo y esfuerzo que ahora se hace.

La democracia local se basa en tres elementos o tres niveles: el Pleno, el Alcalde y la Junta de gobierno. La calidad de nuestra democracia pasa por analizar cada nivel en el contexto local, y en la actualidad, en el Pleno municipal muy pocos y no siempre han asumido la premisa de lo local como el compromiso prioritario de su acción política. La estructura territorial, con sus niveles de autogobierno, determina los roles de cada nivel de representación, por lo que la constante transferencia de roles, si perjudica a algún nivel, es al local.

La existencia de posiciones polarizadas y radicales quedarán claramente en entredicho si las cuestiones sobre las que se discute son de interés municipal, pues la virtud de lo local es que las posiciones ideológicas debe tener un encaje en el modelo de municipio que cada cual propone y defiende desde lo posible y viable: en los derechos sociales, en las infraestructuras, en cómo se gestionan los servicios, en cuantas zonas verdes se crean y cómo se mantienen, en el número de becas o programas extraescolares y a quién van dirigidos, en la accesibilidad de nuestro entorno urbano, en el compromiso con el empleo local, con los jóvenes, con nuestros mayores, con las familias en situación de riesgo, etc. La agenda es amplia y diversa, pero, por lo que se ve, no siempre coincide con la que los partidos manejan.

Y termino. Más localismo significa más política y menos polarización, algo que con toda seguridad beneficiaría la recuperación de la necesaria conexión de la política con la sociedad a la que quiere representar. ¿Los y las políticos locales representan cómo es nuestro municipio, representan como quieren que fuera nuestro pueblo?.

Las elecciones tienen un componente que en ocasiones se obvia: el mandato representativo. La expresión de las preferencias políticas tiene diferentes dimensiones: la personalización de los y las candidatos, la identificación ideológica, la afinidad partidaria. Pero todas estas dimensiones se encuentran en un marco concreto: la democracia local. Lograr una mejor democracia, en mi opinión pasa por reforzar las políticas concretas, dotandolas de una dimensión municipal y, por lo tanto de proximidad, el mejor argumento contra la demagogia y el populismo.

¿UN MODELO DE GESTIÓN O UN MODELO DE SOCIEDAD?

Ángel Sánchez
Opinión: ¿UN MODELO DE GESTIÓN O UN MODELO DE SOCIEDAD?

La piscina municipal (porque lo pone en el cartel de la fachada) y las pistas anexas ( porque se ven desde la valla) llevan finalizadas hace años. Y sí; de forma incomprensible siguen cerradas. Y, sí; se paga un mantenimiento mensualmente pese a que sigue cerradas. Pero, ¿la ciudadanía campellera «demanda de forma tumultuosa que la instalación se abra?. Con toda sinceridad, a parte del «medio centenar» de vecinos y vecinas ( número de participantes en la concentración que señala el periódico Información) no he visto a los vecinos y vecinas exigir la apertura, si exceptuamos lo que en redes sociales se dice.

La obra, que ha pasado por diferentes vicisitudes (paralización de la obra, readjudicación, etc) se convirtió en «maldita» la pasada legislatura cuando el gobierno de coalición presidido por Compromís decidió asumir como bueno el criterio de privatización. Y la maldición se trasladó al procedimiento, quedando anulado por los tribunales tras una sucesión de despropósitos, empezando por el informe económico financiero sobre el que se apoyaba el proceso de privatización. Bueno, la cuestión no son los aplazamientos, las vicisitudes burocráticas o que se estén pagando aproximadamente cinco mil euros por el mantenimiento de una instalación cerrada. En mi opinión la cuestión es la decisión que tomó el gobierno de coalición (Compromís, Grupo Socialista y Podemos): la gestión sería privada, o no sería.

La ideología neoliberal ha impregnado profundamente la gestión pública. Los servicios son concebidos como productos y la ciudadanía como consumidores. La Nueva Gestión Pública, paradigma, en principio modernizador, ha servido como «excusa» para avanzar en un proceso de privatización en la gestión de servicios bajo la premisa ( en mi opinión, perversa e impuesta)de la eficiencia económica como eje, aunque realmente lo que oculta es el intento de mercantilizar las relaciones entre administración y administrados, sustituyendo el concepto mismo de ciudadanía por el de cliente o consumidor. Y ésto es lo que subyace tras la piscina: un modelo ideológico, por otro lado, aparentemente aceptado por una cada día más apática e individualista ciudadanía ,más cercana al concepto de Asociación que al de Comunidad (F.Töonies: Asociación y Comunidad).

Y la gravedad, no estriba en que la derecha en el poder quiera imponer un formato ideológico en la gestión de los servicios, sino que la izquierda, la que sobre el papel estaría llamada a plantear alternativas viables para acercar la administración ( y los servicios, como parte que afecta colectiva y no individualmente a la gente que vivimos en el mismo municipio) a la ciudadanía. La izquierda local ( a excepción de Esquerra Unida, que defiende la gestión directa) ha aceptado la privatización como «única» solución, pero existen otras vías que plantea una profunda diferencia conceptual e ideológica entorno a la definición de ciudadano y a la fuente de la que emana su posición y relación respecto a las instituciones: el Nuevo Servicio Público ( Denhart y Denhart 2011).

La izquierda local, asumiendo el neoliberalismo como paradigma de gestión renuncia a explorar otras vías como la expuesta (de Nueva Gestión Pública al Nuevo Servicio Público). De nada sirve la retórica política si ésta no se concreta en propuestas que la ciudadanía pueda contrastar. El modelo planteado teoricamente por Denhart y Denhart se fundamenta, como decía en un concepto de ciudadanía que la acerque a la política como actor protagonista y no sólo como «consumidor» de servicios. La teoría del Nuevo Servicio Público propone que los representantes públicos deben desempeñar un triple papel: a) agentes impulsores de la participación (regulan e incentivan); b) agentes facilitadores que asisten a los ciudadanos en el examen de sus intereses y en su aprendizaje social; c) participantes cooperativos que trabajan conjuntamente con los ciudadanos para alcanzar acuerdos que son el fruto de un proceso abierto de deliberación (Denhardt y Denhardt, 2003). La apuesta se concreta en un modelo participativo asentado en un gobierno dinamizador y cooperativo, y en unos ciudadanos democráticamente activos con la comunidad a la que pertenecen y en que se destacan como los actores protagonistas en las redes o las estructuras colaborativas (Gema Pastor, 2013).

Por último, señalar que la Ley de Contratos del Sector Público 9/2017 de 8 de noviembre, `pese a su carácter «constreñidor» de la gestión municipal, apunta vías posibles para la superación de la mercantilización en beneficio de la socialización de los servicios a la ciudadanía, fomentando, por ejemplo, la participación de pequeñas empresas y cooperativas en la gestión de servicios.

En resumen: dos modelos, no sólo de gestión, sino de sociedad y ciudadanía.

¡QUE MALA ES LA IGNORANCIA!

Ángel Sánchez
Opinión: ¡QUE MALA ES LA IGNORANCIA!

La ciudadanía nos alimentamos ( y retroalimentamos) a través de los medios que tenemos a nuestra disposición. Es evidente que la información la buscamos o la recibimos desde diferentes medios, aunque en el ámbito local éstos son reducidos, algo que promueve lo que popularmente se denomina “rumorología”. Por otro lado, los nuevos instrumentos de comunicación e interacción en línea (webs, redes, etc) influyen también en la creación de opiniones y juicios sobre los diferentes temas que se consideran de interés colectivo. Pero, a diferencia de los medios tradicionales, la multidireccionalidad de las nuevas plataformas digitales, además de informarnos, además de opinar, nos transmiten, en ocasiones, informaciones contradictorias e incluso falsas. Y cuando, sin opinar, damos nuestra “ignorante” opinión, estamos expuestos a que aquellos que sí poseen esa información nos señalen, además de como “ignorantes”, incluso como presuntos manipuladores intencionados.

Los que estamos acostumbrados a que nos señalen, ya sea por nuestras opiniones publicadas o simplemente por expresar nuestras posiciones, evidentemente relativizamos a ese dedo acusador pero, ¿y la ciudadanía?, ¿eh, y la ciudadanía?.

La administración local reúne una serie de características concretas. Y una de ellas es la proximidad y la posibilidad de articular mecanismos eficientes de información (primer y fundamental escalón de la participación). Esto, en un contexto de “transparencia”, como exigencia de calidad democrática, es uno de los requisitos para empoderar a la ciudadanía en el primer nivel: la información. La complejidad de la administración y sus procesos deben ser simplificados a través de la construcción de mensajes claros y concretos para que la ciudadanía pueda formarse un juicio mínimo lo más aproximado a la realidad. Como decía, lo que puede ocurrir es que, si ésto no se produce, lo que se propicia es que digamos, o lo primero que se nos ocurra, o incluso, armados de argumentos, señalemos situaciones que pueden o no corresponder a esa realidad que, por desconocida, puede inducirnos e inducir a otros a construir opiniones erróneas.

Pero, como reza esa máxima tan conocida, “la información es poder”, la impresión que personalmente tengo al respecto es que a los que acaparan el poder (conste que digo “acaparan” y no ostentan, con toda la intención) no tienen demasiada voluntad de facilitar una información ágil y veraz siempre que no pase por su control.

La política es conflicto, y la democracia lo que nos ofrece es la posibilidad de, a través de diferentes mecanismos, resolver de forma pacífica y dialogada las diferentes opiniones o concepciones social y políticas, aunque sea de forma temporal (la virtud de nuestro sistema democrático radica en esa temporalidad “cuatrianual”, donde la ciudadanía soberana puede ratificar o modificar gobiernos. Pero la política también es información, o dicho de otra manera: la política es comunicación. Y dados los reducidos medios privados ( alguno de ellos estigmatizado de forma incomprensible a la vista de la exigua participación de la institución en ellos desde una perspectiva informativa, aunque no así desde el propagandístico) y los inexistentes medios públicos ( inexistentes no porque no existan, sino porque se renuncia a una estrategia verdaderamente democrática que propicie que la información fluya de forma veraz), sólo nos queda internet y las redes sociales. Pero éste nuevo ecosistema informativo tampoco es asumido como herramienta aunque si como instrumento, insisto, de propaganda personal y política ( conste que digo, de forma intencionada, propaganda).

Creo humildemente que la ignorancia informativa política es desconocimiento o desinformación que no beneficia a nuestra ya sufrida democracia, aunque es posible que si lo haga a esa concepción instrumental que algunos todavía mantienen del mandato representativo, pese a la necesidad de mejorar (para fortalecer) nuestro sistema político.

La posibilidad de recabar información está ahí pero, ¿no tienen los poderes públicos la obligación ética de favorecer el acceso a esa información a través de los nuevos y los tradicionales medios de información y comunicación?. Si el eje de la información es la “personalización” (preguntar directamente) seguramente se fortalecerá ese sesgo que beneficia a quien la posee, algo que además de desvirtuar, añade un componente que a mi, personalmente, no me gusta: el clientelismo.

DE AÑO EN AÑO

Ángel Sánchez
Opinión: DE AÑO EN AÑO

Cerramos un año donde, pareciendo que nada ha pasado, han ocurrido cosas que van a afectar a la vida de la ciudadanía campellera.

Desde éstas líneas mi humilde resumen a modo de epitafio a un año sobre el que, en mi opinión, habría que correr un velo, eso si, tras un mínimo análisis, todo lo desapasionadamente que los polvorones, villancicos y langostinos nos permita.

El año empezó sin presupuesto, o más bien, con la enésima prorroga de los presupuestos de 2014. El gobierno de coalición fue, un año más, incapaz de sacar punta a las herramientas de las que disponía, y poner negro sobre blanco un paquete de propuestas que pudiésemos llamar proyecto. No obstante, la tranquilidad seguía instalada en el gobierno en minoría dada la correlación de fuerzas por un lado ( que impedía cualquier cambio dadas los posicionamientos políticos excluyentes) ,y por otro la proximidad de las elecciones

Evidentemente en el ámbito social pasaron cosas. Pero éstas, al menos yo, no podría calificarlas de hechos colectivos sino más bien logros o alcances particulares en un contexto social cada día más lejano de cualquier objetivo colectivo. Y no es que la crisis económica de un capitalismo financiero globalizado incidiese en una mayor individualización de la sociedad local, sino que ésta venía ya “individualizada” desde hace tiempo.

Y llegó el mes de abril. Y votamos en las elecciones Generales y Autonómicas. El resultado es conocido: el partido más votado en nuestro municipio fue el PSOE en ambas. Y llegó Mayo, y con las flores, las elecciones municipales y Europeas. Y el partido más votado fue el PSOE, en las Europeas, pero no así en las locales, siendo una prueba de que el factor local juega, y mucho.

El partido más votado fue el Partido Popular liderado por J. Berenguer. Le acompañó Ciudadanos, que respecto a los comicios Generales, Autonómicos y Europeos, se dejó un puñado de votos. No obstante, repitió el resultado de hacía cuatro años, volviendo a ser un actor relevante en la formación de gobierno. Pero en ésto llegó la extrema derecha, carente de políticas aunque llena de soflamas patrióticas y banderas, algunas de funesto recuerdo. Con un resultado evidentemente menor que en el resto de convocatorias, obtuvo lo que la extrema derecha jamás había obtenido: una representante. Y se formó gobierno al sumar los tres partidos de derechas la mayoría suficiente para la investidura. Y el gobierno anterior de coalición, pese a obtener unos resultados casi similares en cuanto a representantes conseguidos, perdió cualquier posibilidad de formar gobierno ( Ciudadanos, coherente con su planteamiento estatal, prefirió gobernar por la derecha-extrema derecha que buscar otros aliados, algo lógico si nos atenemos a las más que truculentas relaciones que éste partido mantuvo con la coalición presidida por Compromís).

Esquerra Unida perdió un representante y desapareció, fagocitado por las urnas, el concejal de Democrates. Compromis se mantuvo y el PSOE incrementó su representación pese a dejarse unos cientos (¿miles?) de votos respecto a Generales, Autonómicas y Europeos. Podemos se dejó otro representante, entrando por los pelos, y una candidatura apartidaria consiguió el último de los cargos electos.

Y se formó gobierno. Pero para “sorpresa” (¿sorpresa?) sólo lo formaron Partido Popular y Ciudadanos, con responsabilidades de gobierno. Para su extremo-socio guardaron una especial guinda: ser sin serlo. O lo que es lo mismo: decidir, estar y gozar de los privilegios de estar, pero sin estar, pese a la retórica de su insostenible relato. ¿Sorpresa?. Evidentemente, no. En otras tierras del Estado, la extrema derecha fue “apartada” del gobierno, dejando que su influencia fuese puntual. Y ésto tiene una explicación, más allá ,nuevamente, de la retórica de la “desideologización” del ámbito local, cuestión que no podría ser más ideológica. Pero en fin, esta cuestión pertenece a otro debate.

Y llegaron los Presupuestos, tan anhelados como necesarios. Y las tres patas del gobierno se pusieron de acuerdo para ejercer de mayoría, argumentando que los números representaban al menos una parte del programa del trío de investidura, aunque eso sea más un deseo propagandístico que una realidad, dada la ausencia de explicaciones. Pero, ¿para qué dar explicaciones, o exponer los objetivos si se tiene mayoría?. Pues eso.

Pero llegó un problema administrativo (¿el primero?) y por un defecto, los Presupuestos debieron ser aprobados por segunda vez, ahora, en principio, de forma administrativamente correcta. Y, a la pregunta de, ¿el primero?, habría que responder que, si hay un aspecto de la política que ha hecho aguas y sobre el que deberían centrar su mirada los actuales gobernantes, esa es la propia maquinaria burocrática. Pero, ¡para qué, si hay mayoría!.

NO ES EL FONDO, ES LA FORMA.

Ángel Sánchez
Opinión sobre: NO ES EL FONDO, ES LA FORMA.

En un sistema democrático no sólo las instituciones públicas, sino las de carácter privado no están exentan de que su funcionamiento se ajuste en el fondo y la forma a los objetivos a través de los instrumentos que garantice los derechos a las personas que participen en ellas. Los partidos, siendo el eje sobre el que pivota nuestro sistema democrático, están obligados constitucionalmente a que su funcionamiento se ajuste a los principios democráticos, algo que se ha ido “minimalizando”con la transformación de los partidos de masas, primero en “partidos atrápalo todo” y progresivamente en partidos de tipo cartel (éste interesante debate terminológico tendrá su momento y oportunidad).

Otro término, de esos que parecen jerga pero que tienen un significado importante, es el de “sustituísmo”. Para explicarme, recurriré a un ejemplo.

Apuntaba León Trostki en su folleto publicado en 1904 titulado “Nuestras tareas políticas”( en un contexto donde Trostki argumentaba contra las tesis expuestas por Lenin en su publicación “Que hacer”) planteaba el peligro del sustituísmo político donde, el partido sustituía a la clase trabajadora, el comité central sustituía al partido y el Secretario General hacía lo propio con el Comité. ¿Tiene que ver con el actual contexto, donde el Secretario General y candidato del PSOE ha sustituido al Comité Federal en la decisión de establecer un preacuerdo con Unidas Podemos?. En lo sustancial, creo que si.

No obstante, y antes de continuar, creo que debo decir que el texto del preacuerdo lo suscribo en su totalidad, pero discrepo en las formas. Y no quiero anteponer las “políticas a la política” (el significado de polity, politics y policy es, para los ciudadanos de habla inglesa, diferente y lleno de matices, aunque para nosotros todo se reúna en una sólo palabra: política) pero creo humildemente que tanto el fondo como las formas son importantes, si el partido todavía es algo más que una herramienta al servicio de los líderes coyunturales.

No me gustaría caer en el simplismo de reducir mi reflexión a las formas, porque creo que el fondo también es importante pues es la forma de ser coherentes con el sistema en el que creemos. Reducir la democracia interna a una consulta a tiro pasado es ponernos a muchos y muchas ante la tesitura de “susto o muerte”. Y ni una cosa ni la otra, máxime cuando la investidura no está en los supuestos 155 diputados y diputadas incluidos en el preacuerdo, sino en otros escaños.

Por último el preacuerdo se refiere a los apoyos de investidura de Unidas Podemos pero, ¿cuantos más son necesarios?. Y ahí también discrepo con la línea sustituista que el Secretario General sigue imponiendo. Recuerdo que las líneas rojas que el anterior Comité Federal puso a cualquier acuerdo eran explícitamente claras, y considero que el error táctico de ofrecer “gasolina” a la derecha y la extrema derecha a través de la búsqueda de apoyos en aquellos que no tienen intención de respetar la legalidad, ni las formas establecidas en nuestro imperfecto sistema democrático, sólo beneficia a un mayor descrédito de las posiciones socialdemócratas y dan gasolina a aquellos que nos señalan como parte de un problema que nosotros no hemos creado pero que si estamos, por lo que parece, dispuestos a alimentar.

Creo que también debo de decir que no estoy en la línea de la “gran coalición” pues creo que sería una actitud fraudulenta, no ante nuestros votantes, sino ante la democracia misma, que sin duda requiere de alternativas programáticas e ideológicas. Había tiempo para diseñar una estrategia que intentase superar las contradicciones en las que hemos ido cayendo y que nos han situado en un difícil brete. Las prisas no eran necesarias y, una vez más, hemos perdido la oportunidad, no solo de incentivar el debate interno, sino de dar la oportunidad a esos y esas simpatizantes y votantes a que se expresasen. Los socialistas tenemos la obligación ética, no de parecer, sino de ser escrupulosamente radicales en defensa, no sólo de nuestras ideas, sino de las formas para llevarlas a cabo.

Creo que ni las formas ni la estrategia seguida han estado a la altura, y espero que nadie me “invite” a marcharme de un partido que es tanto de los que aceptan y acatan como de los que libremente discrepamos desde la firme creencia que los principios y valores que nos inspiran están por encima de lideres y dirigentes, aunque ambos deban ir deseablemente unidos.