Repaso a cuatro aberraciones/atracciones

Eduardo Seva Román
Opinión: Repaso a cuatro aberraciones/atracciones

En 1977, fecha de 31 de enero, se inauguró el Centro Pompidou en una parcela desocupada cerca de lo que fue el mercado de Les Halles en Paris. Lo atrevido de su arquitectura, los elementos coloridos de su extraña fachada, la salpicada ensalada de escultura al aire libre que finalmente lo rodeó, hicieron de este centro el epicentro de controversias, discusiones, rechazo total o todo lo contrario, la bienvenida al fin del cubismo tan criticado y rarificado y del arte moderno por encima de los valores tan tradicionales de la arquitectura francesa.

Desde que Napoleón visitó/ocupó parte de Egipto en misión científico-bélica a principios del XIX, la idea de la construcción de una gran pirámide neo-azteca en el patio del Louvre prácticamente ha constituido una de las obligaciones de los franceses tras el centenario de la Révolution   y así el 4 de marzo de 1988 quedó inaugurada por el presidente François Mitterrand una pirámide de vidrio y metal de 200 toneladas y que ocupa la entrada principal de este sobresaliente museo.  El atrevimiento todavía está rodeado de controversias desde el mismo momento de la idea o concepción del proyecto en 1984. Más de 10 millones de personas visitan el Louvre al año y necesariamente han de meterse en las entrañas de este esperpento.

El London Eye es una gran noria situada en la margen del rio Támesis de 135 m de altura y que desvirtúa por completo la seriedad de la capital británica. Un juguete ferial en el centro de la City. ¡Para haberse rasgado las vestiduras!  Y hoy compite con las que posteriormente le han rebasado en el heroico alzado, de hasta 170 m en la ciudad de Las vegas. Desde el año 2000 esa noria está en boca de quien visita Londres pero es el punto más alto desde donde divisar bien la ciudad y son casi 4 millones de personas las que han montado en sus cabinas al año. Ahí está y ahí quedará por mucho tiempo hasta que se mimetice a los ojos de los londinenses.

Cuatro Torres Bussiness Area, nombre pomposo que apostilla el complejo construido en el antiguo lugar de la Ciudad Deportiva de Madrid y que ya se ha apoderado del skiline de la capital. No hay pasajero que pase por Barajas y no esté atento al perfil que dibujan estas cuatro demostraciones de analizar el cielo de la meseta. Una media de 52 pisos define este conjunto desigual pero atractivo que, como si se tratase de los dos equipos de fútbol que desde hace mucho han enfrentado los dos bandos, han disputado el pulso de los madrileños. Pero ahí están y ahí quedarán por muchos, muchos años.

Hemos dado repaso a cuatro aberraciones/atracciones de tres capitales clásicas de la Europa occidental. A veces el atrevimiento de unos cuantos hiere al principio, hace sangrar incluso pero las heridas acaban por sanar y acaban por formar parte del cuerpo principal como cicatrices, como tatuajes que complementan el diseño de lo agresivo, o de lo temerario, o de lo simplemente raro. El artista no ha de resultar cómodo, el artista tiene que interpelar, sacudir. Y esas rarezas acaban como foco de atracción de visitantes que no quieren dejar la población sin antes ver tal o cual monumento, de formar parte de una panorámica impresa en la retina del móvil o de la cámara, incluido el visitante.  A escala más local ha habido fogonazos de originalidad que no se han quedado mucho tiempo con nosotros, como es el caso de las figuras de los personajes de los tebeos más famosas en los jardines de la Diputación (De España) o la calle de las estilizadas setas (Castedo) en el centro de Alicante y otras que lamentablemente sí van a estar ahí por mucho tiempo, como es el caso del hotel Meliá. Sin embargo, nadie habla mal de don Pedro Zaragoza y su genial idea de levantar una ciudad con el índice más alto de rascacielos por habitante de todo el mundo. Una idea que hizo del turismo extranjero la principal insignia del tercer sector de la economía de los municipios del litoral. Ahí tienen un buen ejemplo de lo que nos resbala el que levanten cada año algunas torres de altas dimensiones.

El monumento al Pescador de Carrer la Mar es otro ítem a añadir a esta corta lista pero que puede hacerse todo lo extensa como quieran. El artista de Mutxamel, Arcadi Blasco acabó este emblemático tributo al trabajador en la mar en 1991 y no van a decir los campelleros que no levantó polvo este asunto mientras se remataba el montaje del monumento; y hasta hace bien poco. Desde el principio, un rayo de luz láser unía las dos piezas de esta obra artística en su antiguo emplazamiento sumergiéndose en las aguas de la misma playa; pero este efecto duró apenas una o dos semanas. En la década de los ’90 la luz láser era un capricho algo caro pero hoy en día cualquier chaval cuenta con una pieza de un par de euros con este tipo de luz en su bolsillo.  Poder actualizar la figura original de esta obra no se va a acercar ni de lejos a lo que costó en 2015 la restauración de la misma y es uno de los efectos que el turista puede llevarse de sus paseos vespertinos junto al mar Mediterráneo.

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About: Juan Guill

Fundador y administrador de Radio El Campello.

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