QUÉ VAMOS A ELEGIR?

Angel Sánchez
Opinión sobre primarias PSOE

El proceso de primarias que está en marcha prácticamente desde los acontecimientos del 1 de octubre se ha polarizado de tal manera que, en mi opinión, se están confundiendo tiempos y procesos.

Es evidente que la confrontación ha relegado al debate: no hay espacio para la deliberación. Los argumentos de los polos se basan en emociones más que en razones. No quiero decir que las razones que se esgrimen no partan de un argumento legítimo, sino que esos argumentos legítimos están cargados de emociones contenidas a las que los acontecimientos del Comité Federal del uno de octubre dio razón de ser.

En el seno del PSOE han subsistido diferentes perspectivas, diferentes enfoques. La transición que el partido realizó en la década de los setenta era necesaria y así se demostró con los resultados electorales del 82 ( de un 30% a un 48%). Pero las carencias se han puesto de manifiesto en la actual crisis con una virulencia que parte la combinación de factores endógenos y exógenos: los endógenos, la estructura de élites sobre las que se ha construido la organización donde la militancia ha jugado un papel gregario. Los exógenos son fruto de los propios cambios y transformaciones de una sociedad más exigente con la democracia; como algo más que un procedimiento de selección de representantes. La emergencia de las comunicaciones y la tecnología ha permitido a la ciudadanía recuperar el terreno de la discusión, la autoorganización y la exigencia de responsabilidades, algo que no supo leer el partido con la suficiente diligencia y compromiso.

Lo que aconteció el uno de octubre, con una estrategia definida por las estructuras tradicionales del partido, provocó un rechazo social y de la afiliación que cristalizó en la figura del ex Secretario General que, pese a los claroscuros de su gestión política e institucional, ha enarbolado una bandera emotiva que ha aglutinado a muchos y muchas. Enfrente, como decía, la posición más tradicional de una candidata apoyada por dirigentes y militantes. Unos, por ver la continuidad de una estructura que «les» ha funcionado. Los otros, por considerar que el papel hegemónico institucional y político debe y puede recuperarse. Parece evidente que ambas posiciones parten de un sentimiento, de un cúmulo de necesidades emotivas: el papel político y hegemónico no es posible recuperarlo en una sociedad que ha cambiado respecto a la que se toma como referencia

Y en esta situación, ¿Que vamos a elegir?. El escenario diseñado por las opciones en principio mayoritarias es bipolar: dos programas. ¿Dos programas?. En mi opinión se parte de una falacia: no se elije un programa, sino una persona, un talante, una voluntad. El tiempo del programa tocará en el Congreso, donde la militancia, de forma democrática, decidirá a través del debate del documento político (ponencia política) cual es el proyecto, cuales las prioridades y cuales las líneas a seguir, no solo hacia la sociedad, sino hacia la propia organización: qué tipo de organización, qué tipo de participación, qué equilibrios en los órganos de dirección, etc.

Los candidatos y la candidata deberán, en todo caso, plantear sus líneas programáticas como enmiendas al documento político que será debatido en las agrupaciones y el congreso para concretar ese supuesto proyecto y exponerlo a la militancia, sea cual sea su adscripción en éstas primarias.

Creo que lo que elegimos es un mediador; una persona que consiga concitar la confianza suficiente como para integrar las diferentes sensibilidades a nivel orgánico, coordinando la expresión pública de las propuestas políticas a través de los grupos institucionales y las casas del pueblo en una apuesta clara por la deliberación, lo que significa que los argumentos son válidos vengan de donde vengan.

Si elegimos una dirección que represente a un sector, en un ejercicio de simplificación de la democracia (si la sociedad española ha cambiado, se ha convertido en más plural, diversa y compleja, ¿porqué el partido debe ser diferente si somos o queremos ser la expresión mayoritaria de esa sociedad que queremos cambiar y mejorar?) lo que conseguiremos es la ruptura definitiva de nuestro centenario partido.

No pasa nada porque el PSOE desaparezca: tantas instituciones sociales, políticas, culturales han cambiado o simplemente han desaparecido sustituidos por otras. La pregunta que debemos hacernos es: ¿es necesario el PSOE para la sociedad?. Si la respuesta es si, debemos elegir al mejor mediador, y éste en mi opinión no es otro que Patxi López, cuyo planteamiento ha sido desde el primer momento unir a un partido fracturado.

Pero, si no superamos la dinámica frentista basada en «y tu qué» o el «y tu más», no será posible un escenario de acuerdo e inevitablemente iremos a un enfrentamiento más allá de quien gane el proceso de primarias…

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About: Juan Guill

Fundador y administrador de Radio El Campello.

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