PRIMARIAS A CONVENIENCIA

Ángel Sánchez
Opinión sobre: PRIMARIAS A CONVENIENCIA

Los procesos de primarias se han extendido entre los partidos políticos como el enésimo paradigma de la mejora en la democracia interna. Personalmente considero que, siendo positivos, se desarrollan en un contexto cultural ( en cuanto a cultura política) deficiente, por lo que el objetivo que se presume, se pervierte en el proceso. Los casos de elecciones primarias abiertas, donde los candidatos “luchan” por su nominación mediante la creación de redes clientelares que les apoyen con una simple inscripción, o el de organizaciones políticas que, pese a desarrollar éstos procesos de elección directa, los “desdicen” tomando decisiones en contra, son en mi opinión argumentos más que suficientes como para repensar un instrumento que, siendo útil para mejorar la transparencia y la participación, se pervierten en su proceso. No obstante, no es mi intención teorizar a favor o en contra de las primarias como elemento que enriquece la democracia de los partidos y organizaciones políticas (pues estoy de acuerdo), pero si poner el foco en el hecho contradictorio que suponen cuando, como decía, se pervierten a través de redes clientelares o simplemente son procesos formales pero sustancialmente las decisiones se siguen tomando de forma cupular.

Realmente, la responsabilidad de que éstos procesos de mejora democrática decaigan en meros rituales de reafirmación, recae en los militantes. Cabría distinguir, en cuanto a la militancia se refiere, dos tipos: los “creyentes” y los “arribistas” (Panebianco). Los creyentes actúan siguiendo un incentivo colectivo, identificados con la ideología del partido y luchando por la “causa”. En cambio los “arribistas” participan guiados por ambiciones materiales ( poder o estatus) buscando el beneficio propio. Los últimos son los que se sirven de los procesos de primarias para conseguir cuotas de representación que por méritos propios sería como mínimo difícil de lograr, escenificando la percepción de escasa meritocracia política y de elevado arribismo que, pese a la retórica, se percibe en muchas organizaciones.

Por otro lado están las primarias irrelevantes, o lo que es lo mismo: las primarias instrumentales, cuya realización no parte de una convicción sino de una mera operación de imagen pues finalmente, y al margen de lo que los procesos de primarias dictaminen, las decisiones se siguen tomando por un grupo reducido de dirigentes, desvirtuando y, por supuesto, poniendo en evidencia la voluntad real de democratización interna.

Finalmente, podríamos encontrar una combinación de los anteriores tipos, esto es: primarias instrumentalizadas a conveniencia de las ambiciones personales que son ratificadas por la cúpula dirigente. En esta combinación, la perversión se profundiza más si cabe y, evidentemente, las intenciones democratizadoras simplemente son un brindis al sol.

Como decía, sin cuestionar los procesos de primarias internas ( no soy en absoluto favorable a primarias abiertas pues, si un ciudadano o ciudadana desea participar en la vida interna de un partido, ¿no tiene la posibilidad de militar o afiliarse?), creo que la democracia interna de los partidos debería ser motivo de una seria reflexión, al menos para evitar caer en contradicciones que desacrediten más si cabe la figura de los partidos como instrumento de representación democrática.

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About: Juan Guill

Fundador y administrador de Radio El Campello.

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