Angel Sánchez

Los problemas crecen

Opinión: Ángel Sánchez

Los problemas crecen

Opinión: Ángel Sánchez

Me he permitido parafrasear la popular serie de televisión de la década de los ochenta, para resumir, en una frase con algo de sentido la situación que se ha producido en El Campello tras la ruptura definitiva del gobierno de coalición surgido de la investidura de 2019.

La situación sólo ha variado en cuanto a los actores protagonistas: los principales han asumido que ya era el momento de separar sus destinos, encomendándose a un cuerpo electoral que acudirá a las urnas en menos de un año. Y lo han hecho utilizando argumentos en función de un relato que lleva tiempo construyéndose basado en buenos y malos, cuando la realidad es que, ni los buenos lo son tanto, ni los malos quizá tampoco lo sean tanto. Aparentemente, lo importante, definitivamente es el relato que cada uno de los actores quiere construir como argumento para atraer electores más allá de la cruda realidad que, por otro lado, no deja a ninguno de los protagonistas en muy buen lugar.

PP y Ciudadanos se repartieron el poder municipal, no sobre una base programática, sino únicamente sobre cuotas. Se prescindió de un programa al que se sigue haciendo referencia pese a no haberse hecho público y, por lo tanto, ser desconocido por la ciudadanía. Se apela a la lealtad, pero no como concepto político sino simplemente como argumento emocional referido a las personas, y en política, las lealtades personales requieren de un alto grado, no de coherencia, sino de sumisión.

Ciudadanos acusa al PP de bloquear las áreas delegadas a éstos con el único objetivo de presentarlos como los culpables de una terrible situación, mientras que el PP afila sus estrategias propagandísticas para “vender” a la ciudadanía (la crédula), que ellos son la solución y el problema eran sus pérfidos socios. Y mientras tanto, la oposición ve abrirse una ventana a través de la que poder conseguir una relevancia institucional que compense sus propias debilidades y contradicciones. Lo cierto es que el desierto político avanza y la desazón de una parte (no sé si mucha o poca) de la ciudadanía puede abocarnos a un escenario en el que la abstención, como expresión de hartazgo y mayor desafección con la política, sea mayoritaria (con el posible beneficio para opciones políticas peligrosas para la convivencia democrática).

El PP tendrá que buscar (o no) nuevos interlocutores para sacar adelante esos “grandes proyectos” de los que habla el Alcalde. Quiero suponer que como prioridad, y una vez liberados de su pérfido socio, el presupuesto municipal lo será, para así poder desbloquear los procesos de contratación que hacen pender de un peligroso hilo servicios fundamentales. O quizá simplemente el Sr. Alcalde haya decidido inmolarse y, ahondando en las irregularidades administrativas, erigirse como salvador de una situación en la que él y su grupo ha sido, junto a otros, colaborar necesario. No sé realmente cual será la línea de actuación del gobierno en minoría. Quizá tenga más suerte que el gobierno del pasado mandato (que fue incapaz, administrativa y políticamente de sacar adelante un presupuesto municipal en cuatro años) y tenga de su lado la estructura burocrática, un elemento muy relevante a tener en cuenta y del que poco se habla.

En cuanto a las alternativas que pudieran plantearse, principalmente la moción de censura (el Alcalde, al hacer referencia a las formas de sustituir al primer edil se olvidó, porque seguramente también lo descarta, de la cuestión de confianza), simplemente decir que, aunque la aritmética del pleno pudiera posibilitarla, creo que sería necesario reflexionar sobre si un simple cambio de etiquetas incidiría en la actual situación, dado el tiempo que resta hasta las elecciones y la situación de desorganización administrativa en la que nuestro Ayuntamiento se encuentra. Desde un punto de vista puramente ideológico y emocional lo entendería, pero creo que, con una situación judicial pendiente quizá sería hacerle un favor estratégico al PP más que otra cosa.

Las elecciones están en el horizonte, pero la responsabilidad que conlleva la representación otorgada por la ciudadanía, debería comprometer a los diferentes grupos políticos en lo que, de forma concisa planteaba una autora hace años sobre el concepto mismo de representación: alguien que es responsable, que tiene que dar respuestas a otros de lo que hace. Y, poniendo en evidencia la estrategia propagandística que inevitablemente va a venir (ya está aquí), plantear alternativas posibilistas, viables y concretas a los problemas que nos aquejan como municipio. Lo que es tener la mirada corta y la vista larga, vamos.

La magia es pura ilusión. Podrá divertir y entretener, pero en política no existe. Y por lo tanto, los problemas que sufrimos todos y todas los vecinos y vecinas tendrán una solución o una mejora en función de políticos comprometidos con la búsqueda de soluciones y no sólo de votos (algo que una parte cada vez más importante de la ya descreída sociedad señala como un elemento contra la política), sin héroes salvapatrias que, cual chamanes, quieran vendernos ese humo embriagador que tanto gusta a los fans pero que tanto perjudica a la política.

Recuperar la política como vía para mejorar la convivencia a través del debate y el diálogo no estaría de más. Quizá la calidad de nuestra democracia local lo agradecería.