Angel Sánchez

FIESTAS Y VOTOS.

Opinión: Ángel Sánchez

FIESTAS Y VOTOS.

Opinión: Ángel Sánchez

La búsqueda de votos es consustancial a la política. La cuestión quizá sea que, en el contexto de magnificación tecnológica, la imagen y el relato busca seducir a los votantes para que éstos no se paren a pensar en qué y cómo se han hecho las cosas y fije su atención en esa pertenencia grupal (casi tribal) que es la que en la actualidad separa a los “míos” y “los otros”. Pero cargar la culpa solo, sobre los políticos sin una mirada introspectiva individual, creo que no es justo.

La campaña de marketing que está desarrollando el gobierno en minoría es potente aunque si la analizamos con detalle, no se sostiene: venden como logros cuestiones que son de gestión cotidiana. Pero la imagen publicada queda ahí, y con toda seguridad, quien no siga la actualidad municipal o simplemente se informe sin más a través de las redes municipales, quizá tenga ya una imagen del gobierno que, aunque distorsionada, le anime a verlo como la “unida” posibilidad de gobierno (la polarización afectiva es lo que tiene).

La crítica a las fiestas de Moros y Cristianos ha sido y es un tema casi tabú, pues cuando se ha producido, la respuesta ha sido siempre la de una cierta intocabilidad de una de las hipotéticas señas de identidad de El Campello. El “no puedes entenderlo, porque no eres festero” o incluso, “porque no eres de aquí” (en casos extremos), podría resumir el sentimiento de rechazo que cualquier crítica (no hacia las fiestas, sino hacia el incremento exponencial del presupuesto público) tiene en una parte de la población.

Pero nuestro municipio es, tanto demográfica como territorialmente, muy extenso, y seguramente el sentimiento de pertenencia que suscita en muchos y muchas no es compartido, por ejemplo, por vecinos que viven alejados del casco urbano.

En junio de 2021 (Revista Local Gobernment Studies) publicó un estudio (elaborado por los politólogos Marc Guinjoan, profesor de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Oberta de Catalunya, y Toni Rodon, del departamento de Ciencias políticas y sociales de la Universidad Pompeu Fabra ) sobre el impacto que los festejos mayores previos a unas elecciones municipales tienen respecto al voto en las elecciones municipales de 2015. Y como se ha hecho referencia a éste trabajo, creo que unas breves reflexiones sobre sus conclusiones, no están de más.

Evidentemente, las peculiaridades de cada municipio condiciona la viabilidad de los datos, pero creo que es interesante fijarse en los factores que los autores exponen como explicación a sus conclusiones.

Una hipótesis central es que los alcaldes que incrementan el gasto por habitante en festejos populares durante el período final de su mandato, obtienen en las siguientes elecciones, 2,5 puntos porcentuales más de votos. ¿Porque?. Siempre según los autores, porque: “en un ambiente festivo como este, el alcalde se puede dejar ver, puede hablar con los ciudadanos, escuchar las críticas y sugerencias de los vecinos y se puede presentar como una persona preocupada por las prioridades de los ciudadanos”.

La muestra fue interesante (2.000 municipios), aunque discrepo de algunas de las conclusiones. Creo que el tamaño de los municipios es relevante, pero también lo son factores como la dispersión territorial e incluso la distribución de actos festeros en el término, elementos que desconozco si han sido tenidos en cuenta como variables. No obstante, y utilizando los datos que facilita el Concejal de Esquerra Unida sobre el incremento del gasto en festejos, y comparándolo con los resultados electorales posteriores, creo que las conclusiones difieren de los datos agregados que los autores del trabajo plantean, al menos en nuestro municipio.

De 2014 a 2015 el gasto en festejos (según los datos facilitados por el Concejal de Esquerra Unida (porque los datos oficiales todavía están pendientes) se incrementó en 26.000 euros, llegando hasta los 142.000 euros y en 2019 de 210 mil a 213 mil, con dos alcaldes de signo diferente. Los resultados que el alcalde saliente obtuvo en 2015 fue el siguiente: el candidato del PP (alcalde) obtuvo en 2011 el 44,% del voto, bajando en 2015 hasta el 28,4. El candidato de Compromís obtuvo en 2015 el 12,4%, pasando en 2019 (alcalde saliente) al 12,1, habiendo incrementado ambos el presupuesto para festejos.

A bote pronto, la conclusión es que, al menos en el caso de dos candidatos de dos partidos diferentes, el resultado no ha sido un incremento en el voto. Evidentemente, insisto, las peculiaridades de nuestro municipio, el factor del “voto nacional”, las características de los candidatos, el contexto político y, en nuestro caso, la profunda crisis de gestión de servicios fundamentales, han jugado y juegan un importante papel que, en mi opinión, los autores quizá no han tenido suficientemente en cuenta.

Ahora bien, que el actual alcalde intente seguir reforzando su campaña de marketing político de cara a seguir presentándose ante la ciudadanía como la única posibilidad de un gobierno estable, es más que probable: es seguro. Y lo es, porque desde la expulsión de ciudadanos, y a través de esa intensa campaña de marketing, el actual Alcalde ha “vendido” gestiones absolutamente ordinarias como algo extraordinario, “gracias” a sus decisiones y olvidando la compleja y problemática situación que vive el Ayuntamiento, “gracias” (también y como no) a su gestión. Ahora, queda todo pendiente a la capacidad de los y las electores de discernir entre lo que es y lo que se quiere presentar como la realidad “imaginada”. Y a esto se suma su procesamiento por fraccionamiento de contratos, elemento que a la hora de valorar su gestión (no su honorabilidad, por supuesto) podría ser un elemento que condicionase a los electores,

Mi conclusión es que, al margen de lo interesante que es el trabajo al que me he referido (sobre la influencia puntual de los festejos en las elecciones) hay otros muchos factores y elementos que, al menos en El Campello, condicionarán la decisión de votar a una u otra candidatura.