OPINIÓN Y/O ANÁLISIS

OPINIÓN Y/O ANÁLISIS –ANGEL SÁNCHEZ—

Los diversos acontecimientos que han ido sucediendo en la vida política municipal no han tenido una explicación política en la línea de análisis que sería deseable, máxime si nos referimos a un gobierno municipal que, no solo esgrimió, sino que exigió para sí la vitola de «gobierno del cambio».

No pretendo realizar un análisis conceptual basado en enfoques academicistas, aunque si reivindicar para la política local algo más que la legítima y saludable opinión (como expresión del ejercicio de ciudadanía que se pueda realizar de forma discursiva en ámbitos privados e incluso públicos). Reivindicar al análisis político como instrumento necesario para la comprensión de los equilibrios, negociaciones y disputas en un aparente desorden institucional. La reivindicación de este análisis parte, en mi opinión, de la necesidad de establecer diagnósticos sobre el qué, para qué y para quién más allá de la estática instituida a lo largo de años.

Para realizar ese análisis que reivindico, es necesario contar con una mirada crítica de los procesos políticos, pues de lo contrario, éstos aparecen ante la opinión pública ( pese a que la mayoría silenciosa asista aparentemente como mera espectadora de los mismos) como una foto fija, como una sobrerepensentación de la estabilidad, transmitiendo contradictoriamente una imagen de cualquier cambio como una anomalía a desechar. Y ésto creo que se debe a una hipótesis que debería ser refutada precisamente con ese análisis crítico: el área de confort adquirida por la legitimidad de origen se sobrepone a cualquier refrento de la misma en los procesos.

El conflicto, pese a la connotación dada por el sentido común, no es la expresión de un enfrentamiento sin más; no es solo el resultado de la competencia de diferentes actores y prácticas en el complejo sistema de interacción que constituye en si la política. Yo me atrevería a afirmar, coincidiendo con otras teorías, que el conflicto es el motor que constituye la lógica de lo político como esencia misma de la política (Laclau y Mouffe).

Desde una visión más institucionalizada que institucionalista, se renuncia a las herramientas que posibiliten la comprensión del porqué y como se producen las «anomalías», entendiendo éstas como un intento de quiebra del sistema. Las posiciones de disconformidad o discrepancia o incluso de crítica legítima son vistas e interpretadas como situaciones anómalas y disfuncionales, pero la pregunta sería, ¿para quién?. Desde un punto de vista sociológico, una disfunción puede ser vista como una anomalía desde una perspectiva estática y conservadora, pero igualmente como un proceso de cambio positivo. Por ejemplo, la irrupción en la política de un sentimiento de desafección y crítico frente a las deficiencias más que evidentes de un sistema representativo excluyente, que antepone esa legitimidad de origen al necesario refrendo de la misma en el proceso, no tiene una trasferencia directa en forma de políticas que subsanen esas deficiencias. Y no la tiene, porque desde un enfoque que entiende la política como una actividad de mera gestión, se exige y se erige la legitimidad obtenida en las urnas como único referente y explicación de decisiones como las de cuestionar, cuando no negar, la legitimidad de personas y movimientos que resultan incómodos (las referencias en tono peyorativo realizadas en medios de comunicación sobre los vecinos que toman la palabra en las sesiones plenarias son un posible ejemplo).

Son diversas las cuestiones que deberíamos abordar desde un análisis sobre qué está pasando, cómo está pasando y cómo nos gustaría que pasara en lo referente a la política municipal. Pero para concretar un marco adecuado de debate, se debería superar esa estática institucionalista de intentar explicar e incluso justificar lo inexplicable e injustificable. Cuestiones como el intento de negociar con las organizaciones sindicales un «marco» sobre las retribuciones variables pese a la existencia de claros límites legales,la defensa de los derechos de salud de colectivos vecinales afectados por una instalación insalubre, la justificación o explicación sobre la discrepancia entre la ética y la estética en la cuestión del concejal que ha tenido que pasar al grupo de no adscritos, la contradicción existente en lo que se declara y lo que se hace ( o no se hace) con respecto, por ejemplo, a las cuentas municipales, pendientes de presentarse, etc. Estos y otros asuntos componen un escenario complejo para el futuro más inmediato, marcado por la discusión y no la deliberación, que no apuntan a la construcción de acuerdos, ni entre las formaciones políticas, ni por supuesto con la sociedad a la que, pese al relato de normalidad institucional de estabilidad que pretende trasmitir, se sigue relegando a ese papel de espectador pasivo que garantice la estabilidad de una situación claramente inestable a la vista de la aritmética política, algo que, evidentemente, favorece las posiciones más conservadoras e incluso retrógradas.

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About: Juan Guill

Fundador y administrador de Radio El Campello.

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