MAQUIAVELO EN EL 20D Y EL 26J

OPINIÓN—Ángel Sánchez–

La política, esa actividad púbica tan criticada y a la vez tan necesaria, está de moda. Y no lo está por un “ataque” de ciudadanía en la sociedad: está en el candelero “gracias” a la situación provocada por los resultados del 20D y 26J.

Es cierto que la construcción de la democracia en nuestro país ha sido, de alguna manera tutelada. En principio, por un ejercito ideologizado y convertido en estilete amenazante de la dictadura y los años posteriores a la muerte del dictador. Por otro, una iglesia que, siguiendo el ejemplo del siglo IV establece una alianza con el régimen fascista que la convierte en guardiana de las “esencias”. En éste contexto, el diseño institucional nace tutelado por las oligarquías económicas, militares y eclesiásticas. Se blinda, de alguna manera, la posibilidad de llegar al gobierno limitando el campo de juego democrático a un bipartidismo tácito que, a la vista de los acontecimientos, se ha roto para siempre: los nuevos actores ( al menos alguno de ellos) han venido para quedarse.

Y en este nuevo contexto nos encontramos: un parlamento con una representación cuantitativamente diversa. Cualitativamente, el bipartidismo ha “aguantado” el fuerte envión, no sin problemas, al menos en lo que se refiere al Partido Socialista Obrero Español.

Retornando a la recuperación de la democracia, podríamos decir que, sobre la base de élites existentes y potenciales, se construye un entramado institucional pero ademas,algo que en mi opinión es tan o más importante: un relato. El relato de que la política es algo ajeno al común de los mortales, siendo un espacio reservado. El discurso de “haga como yo, no se meta en política”, frase atribuida al dictador cuajó, potenciando la separación explicita entre sociedad civil y sociedad política.

A lo largo de los años, la política se ha nutrido de filias y fobias; afinidades y confrontaciones que han potenciado la dicotomía de las “dos españas”. La irreconciabilidad de las posiciones se puede comprobar en foros y debates: unos, defienden esa especie de “derecho natural” que la derecha tiene a ostentar el gobierno y legitimar sus actos en función del consentimiento. Los otros, enfrentados entre la cruda realidad de la política insitucional ( que produce variaciones, modulaciones, renuncias y adaptaciones ideológicas) y el emotivo sentimiento de “no pasarán”; un enfrentamiento que podríamos comparar con aquel debate que en plena guerra civil atravesó al bando republicano: guerra o revolución. Y con esto, no quiero comparar el contexto histórico con el que vivimos, aunque si poner de manifiesto algunas similitudes en los debates. Hay algunos aspectos que, aunque no voy a entrar en éste texto, deberíamos tener como referencia, como el cultural y su proyección religiosa como constructora de ideas y preceptos convertidos en sentido común. En otro texto plantearé ésta “anticuada” hipótesis de M.Weber.

Y en esas estamos. Pero para entender la política; para interpretar los hechos políticos hay algo que es necesario: recuperar la racionalidad. Y para ello, la ciudadanía debe ver más allá de los discursos emotivos y simbólicos de los líderes, y leer lo que está pasando. Unicamente una referencia: “técnica de gobierno frente a política”, una diferenciación que pese al paso del tiempo podría parecer un argumento explicativo de la política. Evidentemente, Maquiavelo no sabía de psicología, no conocía la publicidad y la propaganda que desde los nuevos instrumentos de reproducción del sistema (Marcuse) fueron creados para controlar, modular y torcer la sociedad en función de intereses. Maquiavelo ha sido tratado como el perverso que pronunció aquello de, “el fín justifica los medios”, como si para conseguir cualquier fin hubiera que utilizar medios lícitos e ilícitos. Pero hay que conocer mínimamente su obra para poder valorar si sus antiguas ideas tienen algo en común con nuestros días, más allá de tópicos injustos e inexactos.

En su obra Discursos sobre la primera década de Tito Livio utiliza términos como político o civil. En cambio en su obra más conocida ( y desconocida) de El Príncipe, habla de algo distinto a la política ( político o civil en el sentido de buen gobierno, con leyes y libertad): habla de la técnica de Estado, es decir, de los medios para conservar el poder. Maquiavelo revolucionó la política, al reinterpretar las virtudes tradicionales del pensamiento clásico (de Aristóteles, del cristianismo político, de los humanistas): saca la moral de la política, y lo hace diferenciando la “verdad efectiva” de la imagen ideal. ¿Nos suena de algo ésta diferenciación?, ¿algún parecido con algo, con algunas situación?.

Bueno, seguramente esta reflexión no tendrá más repercusión que la de rellenar unas irrelevantes líneas pero, como buen “opinologo” creo que es preciso partir de algunos viejos conceptos ideas y autores, para entender algunas cosas del hoy.

Seguiremos reflexionando.

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About: Juan Guill

Fundador y administrador de Radio El Campello.

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