LEGITIMIDAD Y LEGALIDAD

Ángel Sánchez
Opinión sobre: LEGITIMIDAD Y LEGALIDAD

Existe un cierto, y porque no decirlo, interesado interés en poner en un mismo plano dos conceptos que, pese a ser complementarios en muchas ocasiones, se han separado aplicándose de forma desigual en función del contexto, pero como decía, básicamente del interés en confundir básicamente la legitimidad con la legalidad.

El término legalidad se refiere, en un estado de derecho, al imperio de la ley pero, ¿y el de legitimidad?. Evidentemente éste término plantea dificultades operativas al estar cargado de connotaciones valorativas. No obstante la legitimidad es y seguirá siendo un elemento esencial para el buen funcionamiento de las instituciones políticas, pese a lesas confusiones interesadas.

Si tuviésemos que partir de un punto, habría que decir que el concepto de legitimidad, en el marco de la filosofía política está vinculado a la justificación misma del poder. En un determinado momento, la fuerza fue el argumento y razón para justificar y proteger la legitimidad de quienes ostentaban el poder, aunque siempre ha existido la necesidad de buscar otras justificaciones al ejercicio del poder. Diferentes autores han contribuido a una explicación del concepto de legitimidad, aunque quizá nadie haya aportado mejor a su categorización que M.Weber y sus tipos ideales de dominación legítima.

M.Weber parte del concepto de dominación entendido como “la probabilidad de encontrar obediencia en un grupo determinado para mandatos específicos”. Para M.Weber, en toda dominación la obediencia está ligada a cuestiones materiales y emocionales, aunque también a una tercera: la legitimidad.

Pese a la transversalidad de los tipos ideales expuestos, se podría afirmar que en la actualidad prácticamente ningún grupo social obedece la autoridad sobre la base de la tradición, el carisma o el atractivo personal de los dirigentes, ¿o sí?. ¿Cual es en concreto la legitimidad de un dirigente político que, fruto de un acuerdo, se arroga en función de las atribuciones legales del cargo que ocupa (fruto de ese acuerdo) la capacidad de decidir sin ajustarse a principio alguno de respeto a quienes le cedieron la legitimidad en origen?.

Desde el momento en que se acepta la cesión, o más bien, la delegación de legitimidad, se aceptan unos principios y valores que en origen han sido los inspiradores y sustentadores del cargo. Se pasa a un segundo nivel: de la legitimidad de origen a la de ejercicio o proceso. Este segundo nivel se sustenta en unos principios y, evidentemente, en un marco legal que confiere el derecho a ejercer el poder pero desde la necesaria satisfacción de principios y valores compartidos (por delegados): no basta con el sustento legal de origen, sino que se precisa un consenso que conecte el marco legal con el marco ético compartido. Pero nada mejor que un caso para explicar conceptualmente esa lectura interesada: el conflicto del actual Alcalde respecto al PDC.

Las manifestaciones del Alcalde del gobierno de coalición sobre la no delegación de las mismas competencias que ostentaba la concejala del PDC dimitida denotan ese uso interesado del concepto de legitimidad confundido con el de legalidad.

El Alcalde fue elegido tras una delegación de la legitimidad obtenida en las urnas por diferentes agrupaciones políticas que evidentemente no renunciaban a ella, sino que la usaban para designar a un representante para desempeñar el cargo de Alcalde. Remitirse ahora a las atribuciones legales para negar la legitimidad de otros es un mal síntoma: considerar que los principios y valores que representó la delegación de origen le pertenece personalmente.

Finalmente, a la pregunta que anteriormente formulaba sobre la obediencia o lealtad sobre bases carismáticas o personales, la respuesta es, creo, evidente. Ha existido una lealtad impuesta bajo coacción: o yo, o la derecha, pues ese “yo” no ha estado dispuesto a reconocer otra legitimidad que la que la ley le atribuye en exclusiva, al margen de acuerdos que, evidentemente, pasaron a mejor vida una vez ocupado el cargo.

Como el mismo Alcalde dice en referencia a otros grupos: sería necesario que ese subidón de estatus se lo hiciese mirar, pues su actitud le está abriendo las puertas a la involución, de la que inevitablemente formará parte, muy a pesar de sus más aguerridos fans.

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About: Juan Guill

Fundador y administrador de Radio El Campello.

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