La realidad política

Angel Sánchez
Opinión sobre: La realidad política

Quizá sea interesante avanzar en el concepto de rendición de cuentas y asignación de responsabilidades como elemento central en unas elecciones, mas allá de los rituales electorales en forma de comunicación electoral.
La realidad política, como he mantenido en diferentes ocasiones, ha variado de hecho, aunque no de derecho: la Ley Electoral sigue siendo una norma con intenciones proporcionales pero con voluntad mayoritaria. La ciudadanía ha decidido, no se si coyuntural o definitivamente ( eso, los avatares de la política lo decidirán), abandonar la agregación mayoritaria de voto en las dos organizaciones que tradicionalmente aglutinaron electoralmente a la sociedad española, optando por una diseño plural y una representación que, pese a que a algunos les gusta definir como “fraccionada”, personalmente prefiero el término diversa.

Pese a la desafección social por la “política”, la ciudadanía decidió en 2015 y 2016 ejercer su derecho a ser representados, pero sin dar la mayoría a nadie. Esto, de hecho ha convertido la democracia mayoritaria ( rasgo principal de nuestros años de democracia parlamentaria) en una de corte consensual, aunque ésto, también habría que cogerlo con pinzas, a la vista del instrumentalismo con el que algunos partidos de los “nuevos” actúan en éste (coyuntural o definitivo) marco electoral. Y esa diversidad; esa pluralidad se ha concretado en diferentes gobiernos de coalición en diferentes niveles institucionales. Por ejemplo, y por ser el más cercano: tras la presentación de la moción de censura, el candidato del partido con más numero de diputados al margen de Ciudadanos y el PP, logró el apoyo de la mayoría de la Cámara, aupando a un candidato socialdemócrata a la Presidencia del Estado. En un ámbito más cercano: el gobierno del Botanic logró poner de acuerdo a tres fuerzas políticas para gobernar en la Comunidad Valenciana. Y ya en un ámbito más doméstico: uno de los candidatos de las formaciones políticas con representación logró el apoyo de cinco grupos municipales, sumando los votos necesarios para alzarse con la Alcaldía.

Estos tres ejemplos, lo son de diferentes formas de coalición: el primero, de una coalición de investidura sin acuerdo de gobierno. El segundo, con un acuerdo de investidura y acuerdo de gobierno entre dos de las tres formaciones que alcanzaron el acuerdo ( recordar que Podemos decidió quedarse fuera del gobierno autonómico). Y el tercer, el nuestro, un acuerdo entre cinco formaciones políticas, que en su día fue mayoritario en la investidura pero hoy es minoritario al haber expulsado el Alcalde a uno de los “socios fundadores” del actual gobierno.
El estudio y análisis de los gobiernos de coalición post electorales sigue siendo un terreno prácticamente inexplorado en la ciencia política, básicamente en cuanto al concepto de rendición de cuentas y la asignación de responsabilidades: en un gobierno de coalición múltiple, ¿cómo se asignan las responsabilidades?

La pregunta es compleja, pues no todos los casos de un gobierno de coalición suponen las mismas dificultades para que la ciudadanía juzgue la acción del gobierno. Así, en el primer caso planteado, será fácil asignar responsabilidades al ser un gobierno monopartidista, pese a haber alcanzado el poder con el apoyo de diferentes grupos. Aquí siempre queda otro eufemismo político para justificar la posible ineficacia o improductividad del gobiero: la culpa es de otros. En el segundo caso, y llegado el momento de las elecciones, la ciudadanía, en función de diferentes factores en los que hoy no voy a entrar, decidirá méritos y deméritos de los dos socios que asumieron el gobierno de coalición (PSPV-PSOE y Compromís), pero en nuestro caso doméstico, ¿cómo se asignan responsabilidades?, ¿en función de políticas o resultados?, ¿como se juzga el papel de cada uno de los actores implicados en un gobierno que ha mantenido la difusa marca de “equipo de gobierno” en un ejercicio, aceptado por diferentes causas ( en las que hoy, tampoco voy a entrar) , de uniformidad partidaria?.

Evidentemente, como decía, la decisión de la ciudadanía a la hora de exigir responsabilidades, premiando o castigando la acción de gobierno, requiere de una reflexión previa a la decisión. Evidentemente, las decisiones no están exentas de carga emotiva, pero creo que ésta debería combinarse con un análisis comparativo, como mínimo.

Y, como dicen que no hay dos sin tres, en la tercer entrega de ésta extensa reflexión personal, me centraré en los aspectos que, en mi opinión, podrían ser un elemento valorativo cuando llegue el momento, que en mi opinión es muy importante, de decidir a quien le damos nuestro apoyo y porqué.

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About: Juan Guill

Fundador y administrador de Radio El Campello.

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