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LA POLITICA, SON POLITICAS

Angel Sánchez
Opinión sobre: LA POLITICA, SON POLITICAS


«Lo bueno en la teoría ha de serlo también para la práctica, pues de lo contrario habrá que modificar la teoría; lo bueno para la práctica ha de serlo también en la teoría que necesariamente la funda». Esta frase, de inspiración kantiana resumiría, de alguna manera, el fondo de mi presente opinión escrita. En concreto quiero referirme a la política como teoría, pero también como praxis.

La política se concreta en la toma de decisiones. Como en algún otro foro he expuesto, la cultura política anglosajona tiene diferentes acepciones relacionadas con el término único que, aunque multidimensional, se emplea habitualmente bajo el de política. Así, por ejemplo, cuando hablan de Politics, se refieren a la acción política, las instituciones, los partidos, a lo que estamos acostumbrados a leer bajo el título de «política» en los medios de comunicación. En cambio Policies, se refiere a una parte sustancial de la política: la toma de decisiones, o las políticas públicas, a lo que se publica bajo el título genérico, y que se refiere a sanidad, educación, pensiones, etc.
De las políticas públicas, como concreción de la política, se habla, en general, en términos prescriptivos ( como debería ser o haber sido) y muy poco en términos descriptivos: como se decide, que efectos tienen, quien gana o pierde, etc. Personalmente creo que, analizar una decisión pública debe contar con ambas perspectivas, pero también un componente teórico: los valores, los principios y las ideas, pues éstos conceptos forman parte relevante del concepto mismo de democracia representativa.

Invocar el «interés general» es un recurso para intentar justificar o legitimar determinadas decisiones. El buen gobernante, según ésta premisa, es el que no sirve a intereses particulares y a la vez es competente para solucionar lo que denominan «los problemas reales de la gente». Pero éste argumento es algo tramposo: raramente existe algo tan genérico como el interés general. La gente suele tener ideas distintas sobre cuales son sus problemas y qué esperan del poder político. La política, con mayúsculas, es una actividad compleja: decidir y actuar no consiste en ser un administrador competente, consiste en distribuir costes y beneficios, generar acuerdos que repartan de forma aceptable las razones y frustraciones o ejercer la autoridad para imponer un ganador sobre un perdedor sobre la base de determinadas ideas o valores.

Las últimas decisiones adoptadas de forma mayoritaria en nuestro Ayuntamiento ( aprobación del pliego de condiciones para la explotación de la piscina y el pliego de explotación del servicio de grúa) forman parte de ese ejercicio de decisión en nombre del «interés general», pero en éste caso, únicamente finalista, olvidando en el proceso a los perdedores.

La piscina municipal pasó de la agenda del anterior gobierno al actual como un problema. Me explico: un problema que buscaba una solución. Un plan autonómico, al que se acoge el Ayuntamiento, que se prioriza frente a otras posibles necesidades, y sobre el que no se tiene más que una idea genérica de gestión. Estaba claro que los valores y principios del anterior gobierno predecían una gestión privada, pero no estaba tan claro que para el nuevo gobierno así fuera ( a la vista de los acuerdos de investidura, la conclusión era otra). Finalmente, el acuerdo propuesto por el gobierno en minoría, y aprobado con el apoyo del PP y Cs ha sido optar por la gestión privada de la instalación en base a un estudio que establecía el marco económico sobre el que la instalación podría ser sostenible. Pero esa sostenibilidad se sustenta en cifras que ponen de manifiestos determinados valores y principios que no pueden obviarse: precariedad laboral de los futuros trabajadores y trabajadoras de la instalación, beneficios empresariales en competencia desleal con otros sectores locales ( fisioterapia, gimnasio, etc) Y ahí está, en mi opinión el punto de inflexión del actual gobierno: la construcción discursiva y casi curricular del relato se hace sobre una renuncia explícita a cualquier alternativa que altere los margenes de la institucionalidad instituida. De ahí que una gran parte de la ciudadanía considere que da igual quien gobierne, pues las decisiones serán, sino las mismas, muy parecidas ( como en alguna otra ocasión dije, la teoría incrementalista o el «arte de ir tirando», como perspectiva de análisis se confirma, desgraciadamente, una y otra vez), lo que restringe el margen de la democracia: de representantes a meros gestores económicos.

Creo que el gobierno municipal, pese al «logro» de abrir, en principio, un servicio tan anhelado y necesario por una parte de la ciudadanía, ha definido una línea de continuidad que pone en peligro su propia supervivencia como alternativa política, pues para el viaje que han emprendido, las alforjas únicamente del relato simbólico, es posible que no sirvan.

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About: Juan Guill

Fundador y administrador de Radio El Campello.

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