La corrupción amenaza con romper al Partido Popular de Alicante

Castedo estalla contra Zaragoza después de que éste alabe la ‘línea roja’ de Fabra.
El edil repasa algunos casos que sus compañeros tienen pendientes en los tribunales.

14068837962222La corrupción y la crisis de gestión volvieron a acaparar este jueves el pleno ordinario del mes de julio en el Ayuntamiento de Alicante, el último antes de las vacaciones de la corporación municipal. La tensión que se respiraba en el PP era máxima, con la batería de escuchas telefónicas publicadas del caso Brugal aún calientes y un pleno -otro más- convertido en un monólogo de mociones de la oposición (PSOE, EU y UPyD). No obstante la principal gestión que el equipo de Gobierno hizo este jueves fue certificar la tercera subida de tasas e impuestos en este mandato, producto de los dos préstamos de 70 millones que se han tenido que pedir para pagar a proveedores.

El cruce de declaraciones que demuestra la situación actual del PP de Alicante se produjo entre la alcaldesa, Sonia Castedo, y el concejal de su grupo -relegado sin sueldo y sin competencias- Juan Zaragoza. El PSOE había pedido la comparecencia de Zaragoza después de que el concejal acusase de forma velada a su compañero de bancada, el vicealcalde Andrés Llorens, de presionar a técnicos municipales en el caso Plaza Magallanes, en el que está acusado de prevaricación y falsedad documental. El fiscal pide tres años de prisión y nueve de inhabilitación para el vicealcalde por haber adjudicado de manera irregular las obras de una plaza. Al respecto Zaragoza dijo en los micrófonos de Radio Alicante que «los papeles son los papeles», e incluso afirmó -esto ya en un pleno- que no le gustaba la gestión que Llorens había hecho en su concejalía en los últimos años.

Zaragoza intervino ayer para explicar que iba a rechazar la petición de la comparecencia de los socialistas pero dejó recados para todos, especialmente para Castedo y su número 2. Zaragoza reiteró que en caso de tener conocimiento de una denuncia la «ponía en conocimiento del juzgado», e hizo una cosa muy recurrente en los últimos tiempos: separar el PP de su referente en Alicante, Sonia Castedo. Aseguró que el partido «no se merecía» que se pusiese en duda su honorabilidad «por determinados casos particulares», a lo que matizó: «Que luego pueden acabar en nada».

También recordó que el Ayuntamiento, especialmente el área de Llorens, tiene varios frentes abiertos en los tribunales, «como el caso Isjoma, por el que aún tengo que ir a declarar», añadió. Mencionó igualmente el juicio de la quiebra del Lucentum, previsto para finales de septiembre, en el que se pide la inhabilitación política de su sucesor en la Concejalía de Hacienda, Juan Seva. El regidor terminó glosando frente a Castedo la doctrina de la línea roja del presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, asegurando que «afortunadamente» el también líder del PPCV estaba apostando por la regeneración dentro del partido al dejar claro que no iba a permitir que ningún imputado por causas de corrupción figure en las listas electorales en 2015.

Esta última afirmación fue la que acabó por desencajar a la alcaldesa. De hecho, truncó la sonrisa con la que había seguido la intervención de Zaragoza hasta ese momento y decidió hacer valer su condición de presidenta del pleno para intervenir y revolverse contra su compañero. La alcaldesa recordó que «efectivamente en algunos casos los afectados salen inocentes y en otros culpables», como «en el caso Mercalicante, donde algunos estuvieron ocho años imputados». La primera edil refirió así -sin mencionarlo expresamente- a la imputación de Zaragoza en este caso, en el que finalmente se sobreseyeron las diligencias que había abiertas contra el concejal, contra Rodríguez Galant y contra el ex alcalde Díaz Alperi.

El nerviosismo en la bancada popular se dejó también notar en el silencio sepulcral y las miradas bajas durante la intervención de Zaragoza. De hecho, según pudo saber este diario, desde Alcaldía se dieron instrucciones de escenificar un aislamiento al regidor, que sólo funcionó a medias: aunque de cara a la galería se mantuvo una distancia prudente, en privado sí se produjeron conversaciones sobre la parálisis de la gestión municipal y la delicada situación en la que deja a la mayor parte del equipo de Gobierno.

La alcaldesa, partícipe de este clima, perdió su habitual habilidad para romper el discurso de la oposición con intervenciones categóricas y entró a responder cuestiones donde no tenía nada que ganar, más allá del placer de contar con la última palabra. Así, se indignó con el edil de EU Dani Simón por una intervención sobre la deuda del Consell, y llegó a mandarle callar. También se enzarzó con el portavoz de EU, Miguel Ángel Pavón, cuando éste le dijo que no sabía si iba a ser candidata. «Yo tampoco», le respondió. «Ni me importa», manifestó Pavón. «Ni a mí», espetó de nuevo Castedo.

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About: Juan Guill

Fundador y administrador de Radio El Campello.

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