LA ADMINISTRACIÓN: ESA GRAN DESCONOCIDA O ESA GRAN PARADOJA? Primera parte.

Angel Sánchez
Opinión sobre: LA ADMINISTRACIÓN: ESA GRAN DESCONOCIDA O ESA GRAN PARADOJA? Primera parte.

La administración pública, la sufrimos o la disfrutamos todos y todas. La realidad es que el disfrute o el sufrimiento va más por afinidades simbólicas o personales que por motivos verdaderamente racionales, porque si así fuera, existirían mareas de ciudadanos y ciudadanas pidiendo el cierre de las administraciones por suponer un lastre. Pero, la administración, en un marco democrático, no solo es el ente que presta determinados servicios: representa a la ciudadanía, las preferencias, las ambiciones y preocupaciones colectivas.

Los Ayuntamientos de la transición se enfrentaban a retos importantes. Realmente y pese a la politización de la sociedad del momento, las diferencias ideológicas se relativizaban ante la ausencia de una organización administrativia ( pocos medios humanos y materiales, procedimientos discrecionales, etc). Pero lo que en verdad la relativizaba ( y ahí están los datos) era la ausencia de servicios e infraestructuras ( se puede observar y comparar las similitudes en cuanto a los objetivos de la primera época democrática en Ayuntamientos gestionados por opciones políticas diferentes).

En nuestro municipio se realizó un importante esfuerzo en las dos direcciones: se crearon servicios y se dotó al municipio de infraestructuras, a la par que se reformaba la estructura administrativa dotándola de medios personales y procedimientos administrativos. Pero la época en la que ésto se realizó, la marea neoliberal había llegado a Europa de la mano de los gobiernos Británico y Estadounidense: Theacher y Reagan fueron los dirigentes que simbolizaron el triunfo de la ideología neoliberal ante los movimientos progresistas. El fin de las ideologías preconizado por Fukuyama y Bell supuso realmente el declive de las ideas progresistas, en concreto las socialdemócratas que habían hegemonizado la Europa de post guerra. Y nuestro municipio no fue ajeno a la hegemonía de los nuevos paradigmas neoliberales sobre los servicios y la administración: la Nueva Gestión Pública.
El principio fundamental de éste paradigma es la superioridad de la gestión privada frente a una gestión pública excesivamente burocratizada, lenta y costosa. Por consiguiente, muchos de los servicios que por aquel entonces se pusieron en marcha, fueron a través de la herramienta de la externalización de servicios. La socialdemocracia renunció a buscar alternativas, y así seguimos hasta nuestros días.

Pero, la dinámica empresarial y la consiguiente conversión de la ciudadanía en consumidores de servicios ( clientes, contribuyentes, etc) se hizo sobre la segmentación e individualización de la sociedad, donde el servicio prestado a menor precio ( para la administración, no quizá para el ciudadano) no dejaba ver los efectos que éste partenariado público-privado acarreaba para la sociedad: precarización del empleo creado en torno a los servicios, supeditación al precio y no a la calidad, perdida de control colectivo, etc. Y todo ello, bajo la supervición de una estructura burocrática con bajos niveles de vocación y separada de la sociedad real a través de beneficios directos e indirectos ( la cuestión de los y las empleados públicos como «nueva clase», la abordaré en otro texto) que ha fallado estrepitosamente en su labor, multiplicando exponencialmente casos de nepotismo, clientelismo y corrupción (entendida por corrupción cualquier práctica que vulnere la ley, incluso sin obtener rédito individual).
Pero, contradictoriamente, en nuestra administración local se da la paradoja de que, manteniendo una estructura burocrática más estática que dinámica, ha pretendido clientelizar a la ciudadanía pero sin permitir que ésta ejerza sus derechos de consumidor: sin rendir cuentas, sin informar y sin adaptarse a las circunstancias de sus hipotéticos clientes. Privatizando más por comodidad siguiendo esa estática neoliberal «heredada», que por reforzar a los derechos democráticos de ciudadanía.

Los movimientos progresistas se enfrentan a un verdadero punto de inflexión: o buscar alternativas al paradigma que se ha demostrado como democráticamente perverso ( clientelización de la ciudadanía) o resignarse a lo que Limblond definió como «ir tirando», rindiéndose ante el neoliberalismo por incapacidad, comodidad o simplemente por carecer de compromisos éticos y políticos más allá de un interés coyuntural. Pero, incluso, desde el punto de vista de la mera supervivencia electoral, ¿no sería lógico buscar alternativas que los diferenciase de la derecha?.

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About: Juan Guill

Fundador y administrador de Radio El Campello.

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