IR TIRANDO (es conservador)

OPINIÓN–Ángel Sánchez—

En política pública ( lo que se hace, los programas, actos y actividades desarrollados por la administración) existen, de forma tácita o explícita, diferentes perspectivas de actuación.

En demasiadas ocasiones, los procesos de toma de decisiones se solapan tras un relato que pretende dotarlas de sentido pese a que la realidad, analizada de forma crítica, sea la contraria. La política no es sólo un discurso o un ejercicio de gestión: es tomar decisiones. Y en ese proceso de toma de decisiones se siguen, como decía, de forma más o menos consciente, unos modelos, unas pautas . En concreto quiero referirme a un concepto que, pese a ser desconocido, es conocido, pues parte de una premisa que forma ya parte del sentido común que la ciudadanía expresa respecto de la política: da igual quien esté, da igual qué partido gobierne, pues todos hacen lo mismo.

La política son pulsiones, emociones e intereses, pero también es análisis, debate, consensos, pactos y, sobre todo, políticas. Y cuando hablo de «políticas» me refiero a actuaciones desarrolladas para abordar un problema o para mejorar una situación.

Los que toman decisiones en nuestro sistema son los políticos. Y pese a parecer una obviedad, no lo es tanto si analizamos el proceso. Y en éste, previamente a la toma de decisiones existe un proceso, un método igual para todas las administraciones que definen y, en principio, asegura la eficiencia de las actuaciones: las decisiones, los actos, vienen precedidos de un estudio técnico sobre el que hipotéticamente se basa la decisión política, ¿o no?. Yo no me atrevería a afirmarlo.

Las decisiones políticas, para muchos y muchas, tienen un «exceso» de política. En cambio para otros y otras, tienen un «exceso» de opinión técnica. Lo cierto es que la administración que todos y todas conocemos, la que sufrimos o disfrutamos, es la herencia de un modelo burocrático que se inicia como respuesta a las necesidades de modernización del estado y sus estructuras y que en gran medida, y pese a los cambios y transformaciones sufridos, sigue funcionando de la misma manera.

El desarrollo burocrático fue considerado parte de la modernidad y sinónimo de eficiencia: un protocolo de actuación donde la administración «no quiere mirar a los ojos de la ciudadanía», bajo la premisa de que de ésta manera se asegura un trato impersonal pero justo, aunque lo que realmente se logre es transformar en meros números a las personas y sus situaciones.

La crisis de confianza que sufrimos, ha puesto en el punto de mira a las administraciones y a sus «directores»: los y las políticos. No voy a opinar sobre los motivos, causas y consecuencias de esa desafección, pero lo cierto es que la mirada de la ciudadanía sobre las administraciones se ha vuelto más crítica y, por consiguiente más exigente. De ahí que plantee la necesidad de una reflexión sobre lo que los teóricos y expertos en política pública han definido como el «arte de ir tirando» ;como un paradigma que a todos nos suena, porque la conclusión de éste modelo es, como decía: da igual quien gobierne, pues todos hacen lo mismo.

El «arte de ir tirando», en el ámbito del estudio de la política pública se denomina también «modelo incrementalista». Un modelo cuya principal virtud es su capacidad para describir de forma realista como se toman efectivamente las decisiones públicas. Es un modelo profundamente conservador pues, aunque la comunicación política desarrollada a través de medios tradicionales o digitales se centre en resaltar qué se hace, si únicamente se trata de acciones puntuales sin un marco de referencia ,( programa, proyecto),y sin un proceso de debate y consensos, podemoa calificarlo de continuista, de inercia (frente a dinámica) o simplemente conservador: introducir simples ajustes incrementales a las políticas que ya se realizaban; cambios menores respecto a decisiones que ya se tomaban,etc. ¿Esto nos suena, no?.

La toma de decisiones políticas desde el «arte de ir tirando» se sustenta, o en la ausencia de un proyecto o en la mera supervivencia política. Tanto en uno como en otro caso, la gestión de lo cotidiano se convierte en el paradigma predominante. Evidentemente, el decisor público no reconocerá éste extremo ya que sería como reconocer su incapacidad y por consiguiente, podría interpretarse como debilidad o incluso incapacidad (visión de una concepción jerarquizada donde los estatus priman más que los valores)

Cuando expongo que la toma de decisiones «para ir tirando» es una forma muy conservadora de entender la acción política, no estoy decantándome por una tecnificación de la misma, ni por una mercantilización mayor de las relaciones entre la administración y la ciudadanía ( en términos gerenciales: clientes, contribuyentes, etc. excluyendo paulatinamente el término de ciudadanía, al pretender reducir la gestión pública a un mero mercado de bienes) pues esto sería deslegitimar un sistema en el que creo, aunque considero que precisa de innovaciones y ajustes a los nuevos tiempos de (legítima) exigencia social en los que vivimos. Creo que la responsabilidad de los representantes electos en la nueva coyuntura abierta tras las elecciones de mayo de 2015 se basa claramente en avanzar desde lo que podríamos denominar como administración pública «tradicional» hacia una de carácter relacional. De una administración que «administra» a una que dialoga, acuerda y decide, sin que ésto suponga cesión o concesión alguna; sin que se interprete como un proceso deslegitimador de la representatividad de los electos: simple y llanamente la ciudadanía se ha vuelto exigente , en líneas generales ( pese a que no lo exprese continuamente), y la racionalidad formal de la administración es, en si misma, uno de los problemas ( antes fue una solución, pero los tiempos cambian). Una administración que integre e incluya a sectores de lo más diverso y dispar en el debate de lo común; una administración que entienda que la democracia representativa como la conocíamos está agotándose y es necesario un avance democrático más allá de lo nominal.

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About: Juan Guill

Fundador y administrador de Radio El Campello.

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