«DOLIDAMENTE» FEDERAL

Angel Sánchez
Opinión sobre: «DOLIDAMENTE» FEDERAL.

La cuestión catalana no es un drama histórico(decía Manuel Azaña en 1932);es un problema político. “La solución que encontremos ¿va a ser para siempre?”, se preguntaba delante de las Cortes republicanas: “Pues, ¡quién lo sabe! Siempre, es una palabra que no tiene valor en la historia, y, por consiguiente, no tiene valor en la política”.

Después del 1-O, tras la demostración de que los dos bandos enfrentados no van a cejar en su empeño, ¿qué podemos esperar en los días siguientes?. ¿Declaración de independencia unilateral, detención de dirigentes políticos…? Pero lo que pase no va a zanjar un problema que, en mi opinión, teniendo solución, no la tiene, porque la razón ha sido sustituida por la emoción más irracional: los nacionalismos.

El día 6 de octubre de 1934 (una fecha que, cuando escribo estas líneas podría señalarse como el día simbólico en el que el Gobern podría declarar unilateral la independencia) , en medio del desafío revolucionario lanzado por los socialistas, Lluís Companys proclamó, en nombre de la Generalitat, el “Estat Catalá de la República Federal Espanyola” . Esto conllevó el procesamiento de Companys y sus consellers, la suspensión de la autonomía y varios miles de detenciones. ¿Va a repetirse la historia?. Parece que el gobierno del estado tiene como objetivo «derrotar» al soberanismo a golpes de efecto ( porque, ¿de que otra manera se podría calificar la actuación de las fuerzas de seguridad del Estado el 1 de octubre?). Pero, ¿y el resto de formaciones políticas? Evidentemente la declaración unilateral acarrearía consecuencias, ¿deseadas o no por algunos de los protagonistas?. En mi opinión está claro que la CUP, que ha sido coherente con sus postulados políticos, padece lo que Marx definió como «falsa conciencia» refiriéndose a la ideología y el «infantilismo» de izquierdas al que Lenin se refirió como esa idílica imagen del «pueblo» como sujeto único revolucionario. Esquerra Republicana y el PdCat, por distintas razones son coparticipes de esa falsa conciencia, construida con efectividad sobre simbolos y relatos que han ido sumando a la causa de la independencia a personas de toda clase y, sobre todo a jóvenes para los cuales ese «relato» de un «nuevo futuro» es lo único que se les ha ofrecido. Por otro lado, la derecha gobernante y sus aliados de la nueva derecha «pesca» votos emocionales en un ambiente donde resurge preocupantemente un cierto rancio sentimiento patriotico, pero ¿y el PSOE?. Nada dificultosamente entre dos aguas, pese a tener propuestas diferenciadas tanto de la derecha como de esa autodenominada «nueva» izquierda que coinciden en el objetivo de maniatar (es preferible un adversario sin opciones a gobernar que uno con capacidad para hacerlo) al único partido con capacidad de dialogo transversal y, por consiguiente, intentar una solución; una tercera vía entre el independentismo y el el constitucionalismo. estático.

El debate sobre el problema catalán, tras el 1 de octubre no puede seguir siendo abordado únicamente desde su aspecto normativo. Todos conocemos que sucedió tras la aprobación del Estatut d’Autonomía de 2006 y la derogación de alguno de sus artículos por el Tribunal Constitucional; todos sabemos quien o quienes se opusieron a un Estatut que venía a impulsar una reforma de la constitución en cuanto a la estructura territorial. Pero, como decía Manuel Azaña, ¿ lo que se proponga será, no para siempre, sino simplemente posible?. La gente de bien, los y las que quieren una solución de un problema político que tiene proyección jurídica piden (exigen) una solución dialogada pero, estando todos de acuerdo en que la solución es el dialogo, ¿de qué hablar en estos momentos?. Joan Saura planteaba en el marco del Estatut de 2006 algunos objetivos que, pese a todo, parecen continuar vigentes para el catalanismo político: Clarificar y mejorar las competencias; incorporar un título de derechos y deberes y de principios rectores de las políticas públicas; avanzar en la definición y protección de elementos fundamentales de la identidad de Cataluña; garantizar la participación de la Generalitat en órganos decisivos del Estado y en la Unión Europea; y mejorar la financiación. ¿Estas serían las condiciones para hablar del nuevo encaje de Catalunya en un nuevo marco territorial?. Estas legítimas reivindicaciones indudablemente tendrían un coste para el resto de comunidades, por lo que, ¿estarían dispuestas el resto de comunidades a asumir dicho coste?.

El desarrollo federal parece que es una propuesta sensata, pero para hablar de federalismo, en primer lugar hay que dotar a ese término de un sentido y si se me apura, de un sentimiento del que hasta ahora carece. No es tarde, pero se llega tarde. Poner sobre la mesa una propuesta clara y concreta, debatirla socialmente en las distintas regiones y llegar a un acuerdo equilibrado donde nadie se considere menospreciado podría ser una solución pero, ¿la aceptaría cataluña en el marco de ese deseable estado federal equilibrado y solidario?.

Termino. El gobierno de la derecha ha incrementado el «problema catalán» con cada «no decisión que no ha tomado». La «nueva izquierda», en una estrategia reduccionista ha dilapidado el capital político obtenido a cambio de una posición ideológica sobre el derecho a decidir ( vuelvo a la falsa conciencia descontextualizada) y el soberanismo catalán que parece enrocado en un bucle que no aparenta buscar más que una solución extrema ( aplicación completa del 155) que cree mártires sobre los que seguir construyendo su relato de fe.

Es el momento de sacar del cajón la Declaración de Granada acordada en el consejo territorial del PSOE de 2013 y desarrollarla. Ningún otro partido está en disposición de dialogar más allá del si o no a un referendum pactado, por lo que, apelar al «seny» del pueblo catalán con un propuesta federal de convivencia es el último recurso que queda, y para ello, solo el PSOE está en disposición de ser el instrumento político a través del cual avanzar en un, necesario, si, pero dificultoso (también) entendimiento más allá de perniciosos tópicos nacionales. Quizá tuviera razón Ortega y Gasset cuando decía en las Cortes Republicanas aquello de: “Llevamos muchos siglos juntos los unos con los otros, dolidamente, no lo discuto; pero eso, el conllevarnos dolidamente, es común destino”.

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About: Juan Guill

Fundador y administrador de Radio El Campello.

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