DICIEMBRE CALIENTE.

OPINIÓN—Ángel Sánchez—

Las organizaciones sindicales, tras reunirse con el gobierno recién elegido, han decidido que el clima es el propicio para instar a los y las trabajadores y trabajadoras a movilizarse «masivamente», para presionar al ejecutivo.

Esta estrategia tiene, en principios dos objetivos. Por un lado, sacar a la calle a trabajadores y trabajadoras para exigir la recuperación de derechos y por otro, «cohesionar» las propias organizaciones sindicales y favorecer, por así decirlo, su visibilidad como instrumentos útiles para luchar por los derechos sociolaborales. Desde una perspectiva sociológica hablaríamos de objetivos manifiestos ( defensa de derechos laborales y sociales) y latentes ( demostración de fuerza: o simplemente, que siguen existiendo, estando ahí…).

La historia de los sindicatos se desarrolla con la emergencia de la revolución industrial y las nuevas relaciones de producción y explotación que ésta propicia. Los sindicatos y asociaciones de ayuda mutua ofrecen a una clase obrera servicios que les eran negados por el Estado: un trabajador vivía y moría en un continuo social, compartiendo entorno, vivencias y problemas con los de su misma condición. Y esa especie de contrasociedad constituía la base de la identidad de clase (lo que Marx denominaba clase para sí, algo que muchos marxistas suelen olvidar, anteponiendo el «en si» frente al «para si», algo sobre lo que se debería reflexionar cuando se habla del concepto de clase). Pero el desarrollo histórico y extensivo del Estado del bienestar propicia la generalización de derechos sociales en un contexto de expansión económica. El cambio de época podría resumirse con lo dicho en las conferencias pronunciadas por T.H Marshall en Cambridge, donde el concepto de ciudadanía desarrollado a través de derechos civiles y políticos avanzaba hacia el reconocimiento de los derechos sociales.

Pero el desarrollo de la sociedad post industrial y lo que algunos autores han denominado el capitalismo tardío introdujo cambios sociológicos trascendentales: el devenir de la sociedad, desde grupos humanos con vínculos emocionales, económicos, etc a agregados sociales. El capitalismo estructuró la sociedad de forma que pudiera controlarla convenientemente en función del nuevo paradigma del beneficio individual. Esta dinámica social, junto a la institucionalización de las anteriormente organizaciones catalizadoras de dinámicas colectivas, propició la perdida progresiva de espacios de influencia de los sindicatos. Finalmente, en los últimos años, la falta de adaptación de los sindicatos a la emergencia de nuevas formas de organización y control social a través de la red y a las legítimas ambiciones de mayor democracia, alejó definitivamente a los sindicatos de sus hipotéticos representados. O por decirlo de otra manera: el 15M y sus consecuencias no afectaron a los sindicatos, ¿o si?.

La crisis de representatividad sí ha afectado a las organizaciones sindicales, pero en el espectro no ha aparecido una alternativa que agregase a los nuevos «proletarios». La corporativización de las organizaciones sindicales ha propiciado que, por ejemplo, se firmen EREs y al tiempo subidas salariales en diferentes sectores, incidiendo en la antes mencionada organización en agregados, y alejando un concepto que únicamente se mantuvo de forma retórica en el mundo del trabajo: la solidaridad.

Quiero dejar claro que personalmente sigo considerando a los sindicatos de trabajadores y trabajadoras un instrumento de lucha por la recuperación y el mantenimiento de derechos socio económicos y laborales, pero la concepción actual de los sindicatos como una parte más del entramado institucional, con sus dependencias y sus contradicciones entre su papel normativo y efectivo no les hace recuperar el papel perdido de catalizador social que antaño desempeñaron, siendo visto como algo ajeno por los trabajadores y trabajadoras, algo que debería motivar una reflexión igualmente.

Ahora, se llama a la movilización de trabajadores y trabajadoras para el mes de diciembre. Y desde la izquierda se corre a posicionarse junto a las organizaciones «hermanas» en la lucha por los derechos de los y las trabajadores y trabajadoras. Y se hace porque la imagen romántica del sindicalismo sigue impregnando el imaginario colectivo: los sindicatos de clase siguen siendo simbólicamente unos aliados necesarios y complemento de la lucha política. Personalmente tengo mis dudas de que ésto siga siendo así, pese a que como decía creo que los sindicatos siguen siendo un instrumento útil y necesario. De ahí que me formule algunas preguntas que creo que los sindicatos debería plantearse de una u otra manera: ¿a qué trabajadores se llama a movilizarse, a los precarios, a los jóvenes con una sucesión de empleos, a los parados de larga duración que se sienten abandonados , a las mujeres explotadas. Creo que, como botón de muestra del compromiso necesario se podría convocar huelga, por ejemplo, en el sector público, sacando conclusiones sobre su seguimiento antes de convocar a sectores que en la actualidad sobreviven.

El sindicalismo debe realizar una profunda reflexión. La sociedad actual no es la de hace quince años, y los sindicatos no han analizado el contexto en el que vivimos convenientemente para así adaptar su acción a los tiempos. Siempre está bien recordar lo que fue o fuimos, pero esto no puede ni debe condicionar nuestro análisis ni la estrategia: seguir instalados en la retórica no es útil a los y las trabajadores y trabajadoras.

Evidentemente se que por plantear estas reflexiones de forma pública voy a meterme en un jardín complicado, donde los argumentos emocionales primarán sobre cualquier lógica contextual, por lo que seguramente los calificativos no serán agradables. Pero ésto me es indiferente porque, creyendo en el sindicalismo, creo igualmente que en la actualidad se hace el juego al sistema contra el que se dice luchar, y eso, ni las soflamas más radicales, ni las banderas pueden taparlo.

Evidentemente queda en el aire una pregunta: ¿y entonces, qué hacer, someterse sin más?. Esta cuestión creo que debe ser motivo de una reflexión posterior, aunque anticipo una primera respuesta: No.

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About: Juan Guill

Fundador y administrador de Radio El Campello.

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