ALIMENTAR AL MONSTRUO

ARTICLE D’OPINIÓ

 

alfredLa situación económica del país debido a la crisis genera angustia, tristeza, desesperación y, como consecuencia de ello, rechazo y desconfianza en muchos casos hacia las instituciones que nos gobiernan. Porque esta crisis no solo se ha caracterizado por sus nefastas consecuencias económicas arrebatando las conquistas sociales de los trabajadores conseguidas con tenaces luchas obreras, sino que, en esta ocasión, su poder depredador ha conllevado un ataque a los intereses de las clases medias, dejando al descubierto las miserias humanas que caracterizan al sistema económico en el que vivimos.

Junto a ello –si cabe–, más importante que lo anterior es la crisis de valores y, por ende, la inmoralidad que se ha instalado en los aledaños del poder económico y político, cuestión esta que provoca la indignación en la población en general, y en los sectores afectados en particular.

Pero como en cualquier crisis todo tiene su lado positivo, y en esta ocasión ha servido de revulsivo a centenares de miles de ciudadanos, jóvenes y menos jóvenes, para manifestar públicamente su rechazo a ser carne de cañón de mano de obra barata, sin derechos y sin posibilidad de labrarse un futuro o de terminar una etapa de la vida con las necesidades cubiertas, en el caso de la gente con más edad.

En esta ocasión los ciudadanos/as, a diferencia de otras crisis, han dado un paso más, traduciendo dicha protesta en resultados electorales adversos hacia quien la ciudadanía intuye que son los responsables políticos de la situación, y se opta por opciones que hasta ese momento eran minoritarias incluso otras que ni tan siquiera existían.

Siendo este un elemento muy importante, y que puede conducir a un cambio en positivo, en política nunca hay que descartar nada, y en ningún sitio está escrito que cuando se produce un cambio este lo sea para mejorar.

Porque ejemplos los hay, ahí está Italia con la etapa de Berlusconi; el crecimiento de la extrema derecha en Grecia, o el espectacular resultado electoral del Frente Nacional en Francia, etc.
Todo este largo alegato introductorio viene a colación porque el jueves 27 de noviembre se produjeron unos hechos en el Pleno del Ayuntamiento de El Campello, que yo calificaría de bochornosos, cuando además se realizan en nombre de posiciones supuestamente de izquierdas.

La izquierda democrática se ha caracterizado siempre por el respeto, la reflexión, la educación, la coherencia, la solidaridad, el compromiso y la aceptación de las mayorías y minorías como regla fundamental de convivencia. Sin que ello signifique renunciar a sus propias opiniones -si se tienen- y al derecho a exponerlas y discutirlas.

Ahora bien, una cosa es eso y, otra muy distinta, es utilizar el insulto, la descalificación y la algarabía para tratar de impedir que libremente otros con opiniones distintas puedan ejercer el derecho al voto.

Ese tipo de prácticas dicen muy poco de quienes las llevan a cabo, y de quienes en su entorno las jalean, porque eso poco o nada tiene que ver con la izquierda, ni con la clásica, ni con la moderna. Más bien cuadra con comportamientos que, de manera inconsciente contribuyen a alimentar el monstruo de ideologías poco recomendables desde el punto de vista democrático: se empieza con el insulto, el abucheo; se sigue con tratar de impedir el libre ejercicio del voto, y en nombre de la verdad y de la izquierda se deja de respetar la discrepancia que es lógica en cualquier sociedad democrática. Cuidado con las adhesiones inquebrantables, los dogmas de fe y sobre todo, con los portadores de verdades absolutas. Todo ello forma parte de la antesala de otros males.

Alfred Botella
Compromís pel Campello
El Campello, 4 de desembre de 2014

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About: Juan Guill

Fundador y administrador de Radio El Campello.

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