¡QUE VENGA 2021 CON SU PRESUPUESTO!

Ángel Sánchez
Opinión: ¡QUE VENGA 2021 CON SU PRESUPUESTO!

 Ya estamos a mediados de octubre; pronto pasarán la añoranza y recuerdos de unas fiestas de imposible celebración y habrá que pensar en que el “Annus horribilis” está a punto de terminar, dejando paso a otro, que con todas las limitaciones, debería ser , en lo posible, el del inicio de la reconstrucción.

 Y al hilo de una noticia aparecida en medios y redes, y como no podría ser de otro modo, me alegra que las mujeres que realizaron el curso de monitoras de comedor entren en una bolsa de trabajo, pero ésto no puede hacernos perder la perspectiva de los datos: a 31 de agosto, la cifra de paro registrado en mujeres en nuestro municipio es del 57,7% (fuente: argos.gva.es). La cifra es preocupante, no sólo en nuestro municipio, pues si miramos la comparativa en la Comarca, la Provincia y en la Comunidad Valenciana la media es del 57%. Las acciones coyunturales deberían formar parte de un plan temporalmente más extenso pues, como dijo Antoni Castells, ex Conseller de Economía de la Generalitat de Catalunya con el President Montilla, “tener un plan ayuda, pues de lo contrario, se será rehén de lo cotidiano”.

 La crisis sanitaria está siendo devastadora para el tejido productivo, y como no, se ceba en los sectores más débiles. De ahí que el bienvenido plan de ayuda a empresas y comercios ( dotado de unos 750.000 euros) espero que ayude a paliar, en lo posible, la delicadísima situación de nuestro principal motor económico: los servicios y la hostelería ( el desempleo registrado en servicios a 31 de agosto es del 74,5  pese a que la contratación registrada a la misma fecha es del 82,1).

 Los datos, propios y ajenos, deberían servir para establecer los cimientos de las políticas públicas que el próximo presupuesto municipal recoja. Insisto: la coyunturalidad de los ayudas debe ser el primer paso para políticas estructurales en áreas tan sensibles como Bienestar Social, empleo, promoción económica, etc. Y pese a las restricciones de la La Ley 27/2013, de 27 de diciembre, de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local (de necesaria revisión en el marco de la reforma de la administración anunciada por el Gobierno del Estado) es el momento de que los Ayuntamientos hagan un esfuerzo en políticas y programas dirigidos, no sólo a los sectores que está sufriendo con más saña la crisis económica, sino de forma prospectiva hacia nuevos nichos económicos y de empleo. No voy a ser yo quien les diga a nuestros representantes qué tienen o no que hacer, pero confío en que el tacticismo propagandístico sea sustituido cuanto antes por la política con mayúsculas, con la participación de todos los grupos políticos con representación municipal, pues esto le dará a los acuerdos, además de continuidad, un plus de legitimidad.

Creo que el momento es lo suficientemente grave como para aparcar las mociones simbólicas, que siendo importantes como marco referencial de principios y valores, deberían someterse o al menos compaginarse con las prioridades que exige la situación. Y arremangarse para llegar a acuerdos en lo sustancial; en lo que la ciudadanía exige aunque no lo grite en masa.

 Personalmente echo en falta alternativas dirigidas a paliar las consecuencias de la crisis. Y esas consecuencias no son sólo el hecho de que el sector del comercio y el turismo estén sufriendo en primera línea las causas de la crisis sanitaria, sino que son fruto de un tejido productivo unidireccional, por lo que es necesario poner a trabajar la inteligencia política y social para buscar alternativas que a medio y largo plazo incidan positivamente en ese cambio o diversificación de ese tejido.

El hecho es que la sociedad española y la local está en un impás, y ésta no puede ser solucionado únicamente con parches, sino con recambios duraderos. Recuperar la confianza de la ciudadanía en la política local es un reto que pasa por el compromiso de todos con soluciones que serán, o para todos, o simples actos dirigidos a rellenar el curriculum político con el que presentarse ante la ciudadanía dentro, ¿de cuánto, de tres años?.

Esperemos y confiemos en que el Presupuesto del ejercicio 2011 sea políticamente comprometido: todos y todas nos jugamos mucho.

¿Reformar ( o no) la administración?

Ángel Sánchez
Opinión: ¿Reformar ( o no) la administración?

La Ministra portavoz del Gobierno del Estado ha hecho un anuncio muy interesante: el gobierno va a aprobar una nueva Ley de la Administración Pública. La Ministra ha afirmado: (textualmente) «Necesitamos niveles de coordinación más eficaz en la Administración General del Estado», ha señalado Calvo, que ha dicho que se reformarán también las leyes de contratos del Estado, la ley presupuestaria, la de subvenciones y la del régimen jurídico del sector público. «Seremos garantes, pero seremos eficientes»..

            La tradición en cuanto al estudio de la administración y sus actuaciones se ha centrado en el Derecho administrativo. Su estudio desde éste enfoque se centra en la búsqueda de instrumentos jurídicos, en el marco del Estado de derecho, para el cumplimiento de sus fines. Pero éste enfoque explica el deber ser, pero no el ser real de la administración. La Ciencia política y de la Administración se centra en el estudio de los procesos y los resultados en cuanto a las decisiones desde el análisis del poder y la legitimidad, evidentemente sin desconocer ni olvidar la legalidad.

            El entramado burocrático está bajo la dirección del Gobierno con dos objetivos: servir a los intereses generales, con imparcialidad y respeto a la legalidad, y el desarrollo programático de las políticas públicas emanadas de la legalidad conferida al gobierno constituido democraticamente. Y éste entramado burocrático es la “caja de herramientas” ( no la única) que tiene a su disposición la política para gestionar de forma eficiente y eficaz los problemas de la ciudadanía y desarrollar los acuerdos emanados del gobierno, pero también de otro órgano que reúne la representatividad de esos intereses generales a través de los representantes elegidos democraticamente: el Pleno municipal.

            Este, de alguna manera podría ser el marco conceptual pero, ¿qué piensa o que siente la ciudadanía respecto a la administración?. En términos generales, la ciudadanía ve a la administración como un “problema” para sus problemas. Y, siendo cierto que la actuación de la administración debe ceñirse a principios, protocolos y procedimientos, ¿son éstos los más adecuados para resolver con diligencia los problemas de una ciudadanía que, en demasiadas ocasiones, se siente supeditada a esos protocolos y procedimientos?.

            He sido testigo de la transformación sufrida por nuestra administración local desde principios de la década de los 90 del pasado siglo, teniendo en cuenta que que la administración municipal salia de la dictadura con profundas deficiencias y carencias. Y éstas ,motivaron una intento de organización centrada en  la modernización y adecuación de la estructura administrativa a los nuevos tiempos.

            Pero ese esfuerzo (liderado por el que fuera Secretario municipal, D. Vicente Boix) llegó hasta la entrada en el gobierno de la derecha local en 1995, fecha a partir de la que se inicia una demolición controlada del trabajo realizado hasta entonces. Las diferentes organizaciones y reorganizaciones carecieron de objetivos pese a contar con los medios; al personal municipal se le empujó a una lucha interna por beneficios individuales (un conjunto de agregados desconectados e incluso enfrentados unos a otros en un contexto endogámico) sin existir un objetivo explícito de compromiso con la mejora del servicio a la ciudadanía. Pero no sólo hay que referirse a la actuación del gobierno, sino igualmente de una oposición descentrada y temerosa de asumir su responsabilidad y proponer las reformas y reestructuraciones necesarias. Esto ha propiciado un entramado de difícil compresión que, junto al farragoso procedimiento propicia que la ciudadanía local sienta cada vez más que el problema es, en sí mismo, la propia administración.

            Un problema asociado a la falta de eficacia es la perdida de legitimidad. Personalmente coincido con los  planteamientos sobre éste concepto de Pierre Rosanvallón. La legitimidad de imparcialidad(cumplimiento de la ley) y reflexibidad(control) debe equilibrarse con la de proximidad (gobernanza y participación), pues de lo contrario, la legitimidad de origen que adquieren los representantes políticos seguirá deteriorándose socialmente. Y eso seguirá ahondando en la brecha entre ciudadanía y administración, algo que deteriora, además, la democracia.

            La reorganización de medios, el establecimiento de protocolos y compromisos éticos para con el servicio a la ciudadanía debe contar con el consenso más amplio, pues es la única manera de asegurar su continuidad temporal. Si hoy, una mayoría impone una organización, ésta siempre estará a expensas de cambios, como mínimo cuatrianuales, lo que provocaría una “yenka política” que la seguiría haciendo ineficiente y, por lo tanto, un problema y no una herramienta para mejorar la vida cotidiana de la gente.

            El reto está sobre la mesa, ¿está dispuesta la actual corporación a iniciar un análisis crítico de la actual organización y plantear un plan para reestructurar recursos y medios en paralelo a los cambios que el Gobierno del Estado quiere plantear para acercar la administración al sujeto que le da razón de ser?.